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ARGUMENTACIÓN FALAZ PARA JUSTIFICAR LAS PELEAS DE GALLOS

 

Dr. Federico Chaverri

Médico Veterinario, Magíster en Bioética

 

Dr. Federico Chaverri

El pasado lunes 14 de mayo un grupo denominado Asociación Nacional de Criadores de Gallos publicó un campo pagado con una
serie de argumentaciones falaces, que intentan defender las peleas de gallos como una presunta fiesta criolla justificable desde el punto de vista histórico y cultural. Con mención de figuras de relevancia en la historia nacional y universal, que presuntamente practicaban o promovían peleas de gallos, pretende, mediante falacia de autoridad, legitimar esta práctica en función del prestigio de tales personajes.

 

El razonamiento sería algo así como decir que una persona realizó una acción buena, por lo tanto, las demás acciones de esa persona son también buenas.

Sin embargo, la mención en esa publicación de, por ejemplo, el Imperio Romano, con seguridad no resulta especialmente edificante en materia de derechos humanos y menos animales. Bajo el razonamiento de este grupo de galleros, la práctica del circo romano, por haberse realizado durante siglos ante el pueblo de Roma, sería, como las peleas de gallos, fiesta tradicional que se justificaría mantener hasta hoy, a pesar de implicar una cruel barbarie contra seres humanos y animales. Con esto una nueva falacia, en este caso de apelación a la tradición, que fácilmente puede revertirse en contra de la argumentación de este grupo de galleros.

Otro argumento falaz en la publicación en cuestión, es la generalización. Ante una renovada sensibilidad popular a favor del bienestar animal, que se manifiesta mediante la organización y actividad de grupos de defensa de los animales, marchas y mítines de participación creciente, y además esfuerzos públicos y privados para detener las actividades que impliquen maltrato animal e incluso la intención de legislar contra ello; pareciera aventurado asegurar que las pelas de gallos son una fiesta criolla que “se vive
y ama en todos los pueblos del país
”. 

Corte de cresta


La generalización también se pone de manifiesto cuando se afirma que diversas actividades que implican el uso de animales por parte del ser humano “producen maltrato animal” y se pretende equiparar el trato que debe darse a esas prácticas con el que legalmente se da en Costa Rica a las peleas de gallos, que es su prohibición. Este intento de generalización, ignora las diferencias de manejo que hay por ejemplo entre esas peleas y actividades de producción de animales de abasto o aun entre las peleas de gallos y prácticas populares que no implican la mutilación o muerte de los animales utilizados y que aunque seguramente tienen espacio para mejorar en aspectos de bienestar animal, no constituyen una actividad tan cruel como las peleas de gallos, en los que se incita a dos animales a despedazarse vivos.

Otra falacia evidente es la victimización de la que los practicantes de peleas de gallos pretenden hacerse objeto al afirmar, apelando de nuevo a la tradición, que “no por eso somos delincuentes, ni aceptamos que se nos trate como tales”.

Delincuente, según la definición del diccionario referente de nuestro idioma es el que delinque, el que delinque es el comete un delito y delito se define como el quebrantamiento de la ley. En Costa Rica, desde hace 128 años las peleas de gallos están expresamente prohibidas por ley (Ley N° 47 del 1 de julio de 1889). Quien practica peleas de gallos lo hace en la clandestinidad, pues viola la ley, y merece el calificativo de quien actúa de esa forma, es así de sencillo.


En otro intento de justificación de las peleas de gallos, afirman los promotores de esa actividad, que el gallo de pelea es un “animal de combate por creación misma de Dios”, esto ignora los postulados que hiciera Charles Darwin desde el siglo antepasado y que hoy resultan aceptados en círculos científicos y académicos en occidente, y que son, en términos generales, rechazados solo por algunos grupos religiosos radicales. También descartan todos los factores ambientales, de condicionamiento, que realizan estos
galleros para modular la conducta animal.

 

Pero la publicación del pasado lunes no solo erra por sus argumentos falaces, sino también por los argumentos verdaderos que no considera. Uno de los más importantes es el riesgo sanitario que esta actividad supone.

Según información brindada por el Servicio Nacional de Salud Animal (SENASA), la práctica clandestina de peleas de gallos promueve el tránsito ilegal de animales y hasta de huevos fértiles entre países, el cual, dada la naturaleza delictiva de la actividad, no pasa por ninguno de los controles sanitarios establecidos para prevenir la introducción de enfermedades aviares exóticas al país. Por eso ponen en riesgo la producción avícola costarricense, la cual resulta de importancia económica no solo por la generación de más de 30 mil empleos y muchas divisas, sino porque constituye una importante fuente de proteína animal para la alimentación de la población, contribuyendo así a la seguridad alimentaria del país.

Algunas de estas enfermedades que nos pueden entrar, si fuéramos indiferentes con las peleas de gallos, revisten riesgo zoonótico, es decir, enfermedades que afectan al ser humano, por lo que son al mismo tiempo una amenaza para la salud pública.

La prevención de riesgos sanitarios, como la Influenza aviar y el eventual uso de hormonas, determina que el destino más seguro a los gallos de pelea decomisados en operativos oficiales, sea el sacrificio humanitario. Sin embargo es descrito en el campo
pagado como un “asesinato cruel”, aunque se cumple rigurosamente con los protocolos internacionales de eutanasia de aves y lo realicen las autoridades en el ejercicio de sus competencias.

Otro aspecto desagradablemente sorprendente de esa publicación, es que pocas veces la sociedad costarricense ha presenciado la defensa pública de una actividad ilegal, la cual es además repudiada por amplios grupos de la sociedad que rechazan el maltrato animal, por lo cual es un nefasto precedente bajo el cual podría esperarse una apología de cualquier otro delito al amparo de supuestos argumentos que presuntamente lo justifiquen.

Finalmente, bajo el respaldo de razonamientos tan débiles y cuestionables, e irónicamente cuando en la Asamblea Legislativa se está proponiendo legislación que penalice el maltrato animal, los promotores de las peleas de gallos hablan de impulsar un proyecto
de ley que legalice dicha práctica, lo cual sin duda alguna, vendría a constituir un retroceso legal y moral, que Costa Rica no puede permitirse y que se por lo tanto se esperaría que fracase rotundamente por un rechazo unánime o al menos mayoritario de los diputados.

En última instancia, al cumplirse 105 años del veto impuesto por don Ricardo Jiménez Oreamuno a una iniciativa semejante, es más que posible que lo mismo ocurra en esta ocasión.

TOMADO DE CAMBIO POLÍTICO:

http://cambiopolitico.com/argumentacion-falaz-para-justificar-las-peleas-de-gallos/12574/