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[1]

 

Cualquiera que haya tenido un perro sabe que es mucho más que una mascota, es parte de la familia. Y esa es precisamente la razón por la que es tan difícil afrontar su muerte. Ya sea que hayan vivido una vida larga y saludable o que nos hayan dejado demasiado pronto, el dolor de la pérdida de un perro es algo que es casi insoportable.

Pero hay personas por ahí que no lo entienden y nos dicen que “lo superemos” porque “es solo un perro” . Es verdad que no hay mucho que decir para que esa pérdida sea menos dolorosa, pero al menos ahora sabemos que hay investigaciones que respaldan el hecho de que el proceso de duelo por un perro es real. 

Y no solo eso, sino que en realidad se ha encontrado que puede ser más difícil superar la muerte de una mascota que superar la pérdida de otro humano. Claro que todo depende de la cercanía. La cuestión es que nos vinculamos con nuestras mascotas de la misma manera que nos vinculamos con otras personas. 

Las mismas hormonas y sustancias químicas se liberan en nuestros cerebros que nos hacen sentir amados y conectados, y después de pasar años juntos, no son diferentes al resto de la familia. Pero, ¿por qué haría eso más difícil de superar? No hay una manera “aceptable” de llorar la pérdida de una mascota. Si uno de los miembros de su familia humana fallece, hay innumerables recursos a los que puede recurrir para controlar el dolor. Estamos rodeados de amor y apoyo de amigos y familiares que intentan ayudar para hacernos sentir mejor.

Sin embargo, cuando una mascota muere, se espera que continuemos con nuestras vidas como si nada hubiera pasado.Tenemos que volver al trabajo,
mantenernos al día con nuestros compromisos sociales y continuar con el resto sin ningún tipo de comprensión por parte de la mayoría de las personas.

Sin recursos adicionales para ayudar a lidiar con el dolor, nos reprimimos todas estas emociones y las dejamos sin resolver. De acuerdo con la psicóloga Julie Axelrod, parte del duelo tiene que ver con la pérdida de un amor incondicional, la alteración de una rutina y de un compañero.

“Esta pérdida conduce a una gran interrupción en la
rutina diaria de alguien, a veces más que la pérdida de
seres queridos humanos reales. Tienes que programar
tu día alrededor de tu perro y, de repente, perder todo
ese orden puede hacer que una persona se sienta
completamente perdida” , detalló la especialista a
Shared.

La culpa también suele ser un factor que lo empeora todo. A menudo nos vemos obligados a tomar una decisión difícil para terminar con el sufrimiento de los perritos. Si bien es la opción humana, no hace que sea más fácil decir adiós.

La recomendación es que, si estás viviendo el duelo de una mascota, debes saber que es razonable tu tristeza y, si lo consideras necesario, acudir a terapia te vendrá bien.

Los demás debemos ser más comprensivos y darle la importancia que se merece la tristeza de alguien que acaba de perder a su perrito.

Si, comer carne afecta el clima, pero las vacas no están matando el planeta

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Si, comer carne afecta el clima, pero las vacas no están matando el planeta

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Frank M. Mitloehner
13 diciembre del 2018 [1][2][3]

El impacto del cambio climático en nuestro planeta es alarmante. A medida que los efectos nocivos se han intensificado, la carne se ha convertido en un objetivo público. Cada día más gente aboga por comer menos carne para salvar el medio ambiente. Algunos activistas, incluso, proponen ponerle un impuesto para reducir su consumo.

Argumentan que la producción genera más gases de efecto invernadero que todo el sector del transporte. Sin embargo, esta afirmación es falsa (como podremos comprobar más adelante), pero la persistencia de este idea lleva a suposiciones inexactas en relación con el consumo de carne y el cambio climático.

Mi trabajo de investigación se centra en analizar las formas en que la agricultura animal afecta a la calidad del aire y al cambio climático. Existen muchas razones para optar bien por consumir proteínas animales o bien por elegir un menú vegetariano. Sin embargo, la renuncia a la carne y sus derivados no es la panacea para el medio ambiente, como muchos nos quieren hacer creer y, llevada al extremo, también puede producir consecuencias nutricionales negativas.

Record en carne y gases de efecto invernadero
 

Gran parte de la mala reputación de la carne viene de la afirmación de que la ganadería es la mayor fuente de gases de efecto invernadero del mundo.

Por ejemplo, un análisis publicado por el Worldwatch Institute de Washington en el año 2009 aseguraba que el 51% de la emisión de GEI (gases de efecto invernadero) en el mundo procedía de la cría y procesado del ganado.

Pero, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, las principales fuentes de emisión de GEI en EE UU durante 2016 fueron la producción eléctrica (28% del total de emisiones), el transporte (28%) y la industria (22%). La agricultura y la ganadería representaron apenas un 9% de las emisiones, cifra a la que la ganadería contribuye con un irrisorio 3,9%.

Los números demuestran que la ganadería no se puede comparar con el transporte en términos de contaminación.
¿Por qué se ha llegado entonces a esa conclusión? En 2006, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publicó un estudio titulado La larga sombra del ganado: problemas ambientales y opciones. El informe, que atrajo la atención internacional, afirmaba que la ganadería producía un asombroso 18% de los gases de efecto invernadero en todo el planeta. La agencia llegó a una conclusión sorprendente: el ganado hacía más daño al clima que todos los tipos de transporte juntos.

Esta afirmación es falsa y fue desmentida por Henning Steinfeld, el autor principal del informe. El error residía en que los analistas de la FAO llevaron a cabo una evaluación integral del ciclo de vida para estudiar el impacto climático de la crianza del ganado, pero a la hora de analizar el transporte emplearon un método diferente.
Para el ganado, la FAO tuvo en consideración todos los factores asociados a la producción de carne, entre los que se encuentran las emisiones generadas por la elaboración de fertilizantes, la conversión de bosques en pastos, el cultivo de pienso y las emisiones que provienen de los animales (eructos y deposiciones) desde su nacimiento hasta su muerte.

Sin embargo, cuando analizaron las emisiones de carbono producidas por el transporte ignoraron los efectos sobre el clima que provienen de la fabricación de materiales y piezas de los vehículos, el ensamblaje de los mismos y el mantenimiento de carreteras, puentes, aeropuertos y otras infraestructuras. En su lugar, solo tuvieron en cuenta las emisiones de coches, camiones, trenes y aviones. Como resultado, la comparación que hizo la FAO de las emisiones de gases de efecto invernadero entre ganadería
y transporte estaba completamente distorsionada.

Durante una conferencia dirigida a científicos en San Francisco el 22 de marzo de 2010, señalé el error presente en el informe, lo que levantó una gran polvareda que produjo un importante seguimiento mediático. En un acto que les honra, la FAO reconoció inmediatamente su error, pero desgraciadamente la afirmación inicial de que la ganadería producía el mayor porcentaje de gases de efecto invernadero ya había recibido una gran cobertura por parte de los medios.

Todavía hoy luchamos para demostrar que no es así. En su informe de evaluación más reciente, la FAO estimó que la ganadería produce un 14,5% de los gases de efecto invernadero de las actividades humanas a escala mundial. No existe una evaluación del ciclo de vida completo del transporte con la que se pueda comparar. Sin embargo, tal y como señala Steinfeld, las emisiones directas del transporte se pueden comparar con las emisiones directas e indirectas del ganado, situándose las primeras en un 14%, frente al 5% de las segundas.

Una producción menos nociva

Mucha gente sigue pensando que dejar de comer carne solo un día a la semana influirá en la lucha contra el cambio climático. Nada más lejos de la realidad. Un estudio reciente demuestra que incluso si todos los estadounidenses eliminasen todas las proteínas animales de sus dietas, las emisiones de gases de efecto invernadero del país solo se verían reducidas en un 2,6%. Según los resultados de nuestra investigación en la Universidad de California, en Davis, si toda la población de Estados Unidos se sumara a la práctica del meatless monday (lunes sin carne), se apreciaría una reducción de gases de tan solo el 0,5%. Además, los cambios tecnológicos, genéticos y de gestión que han tenido lugar en la agricultura y la ganadería de Estados Unidos durante los últimos 70 años han hecho que la producción ganadera sea más eficiente y menos nociva para el medio ambiente. Según la base estadística de la FAO, las emisiones directas de gases de efecto invernadero en EE UU han disminuido un 11,3% desde 1961, mientras que la producción de carne procedente de
la ganadería se ha multiplicado por más de dos.

La demanda de carne está creciendo en las economías emergentes y en vías de desarrollo, con Oriente Medio, el norte de África y el sudeste asiático a la cabeza. Aun así, el consumo de carne por individuo en estas regiones todavía dista mucho del de los países desarrollados. En 2015, la media de consumo de carne anual per cápita en los países con economías sólidas fue de 92 kilogramos, mientras que en Oriente Medio y en el norte de África fue de 24 kilos, reduciéndose hasta los 18 en el sudeste asiático.
En cualquier caso, dado el crecimiento previsto de la población en el futuro, países como Estados Unidos deberán adoptar prácticas más sostenibles para la cría del ganado.

 

El valor de la agricultura animal

 

Si la agricultura estadounidense prescindiera de los animales se reducirían en un grado muy pequeño las emisiones de gases, pero también sería más difícil alcanzar los objetivos nutricionales básicos. Muchos de los críticos con la ganadería señalan que si los agricultores cultivasen plantas únicamente, podrían producir una mayor cantidad de comida y de calorías por persona. 

Pero los humanos también necesitamos muchos micro y macronutrientes fundamentales para la salud. Resulta complicado elaborar un argumento acerca del déficit calórico de Estados Unidos, especialmente si nos atenemos a las tasas de obesidad
infantil y en adultos del país. Además, no todas las partes de las plantas son comestibles (o apetecibles). La cría de ganado añade valor económico y nutricional a la agricultura vegetal. 

Por ejemplo, el ganado consume plantas cuya energía reside principalmente en la celulosa, que no es digerible para los humanos y muchos otros mamíferos, pero las vacas, las ovejas y otros rumiantes pueden digerirla y liberar la energía que contiene. Según la FAO, cerca del 70% de las tierras agrícolas del mundo son dehesas que solo pueden ser utilizadas como tierras de pastoreo para ganado rumiante. 

La proyección del crecimiento poblacional a nivel mundial se sitúa en 9.800 millones de personas para el año 2050. Cómo alimentar a una cantidad tan desorbitada de habitantes supondrá un desafío brutal. Los nutrientes por ración de la carne superan a los de las opciones vegetarianas y los animales rumiantes crecen gracias a alimentos que no son comestibles para los humanos.

La cría de ganado, además, supone unos ingresos económicos necesarios para los pequeños agricultores de países en vías de desarrollo: se estima que la ganadería es el sustento principal de mil millones de personas en todo el mundo. 

El cambio climático demanda atención urgente y la industria ganadera genera una gran cantidad de efectos negativos que afectan al aire, al agua y a la tierra. Este impacto, junto con el vertiginoso crecimiento de la población mundial, nos proporciona razones más que de sobra para continuar trabajando en la búsqueda de una mayor eficiencia en la agricultura animal. Personalmente, considero que el punto de partida debe situarse en hechos amparados por la ciencia.

i

Notas

[1] TOMADO DE:
https://elpais.com/elpais/2018/12/11/planeta_futuro/1544527239_882200.html
[2] Artículo publicado originalmente en The Conversation.
[3] Frank M. Mitloehner es profesor de Ciencia Animal y especialista en Extensión de Calidad del Aire en la Universidad de California, Davis. El autor recibe fondos del California Air Resources Board (CARB) y del California Department of Food and Agriculture (CDFA).

 

Loros y genes

The Genes That Make
Parrots Into the
Humans of the Bird
World

 

Long-lived and clever
parrots may be as
different genetically from
other birds as humans
are from other primates. [1][2]

Los genes que hacen
de los loros los seres
humanos en el mundo
de las aves
Los loros, inteligentes y
longevos, pueden ser
genéticamente distintos
de otras aves, como los
humanos lo son de otros
primates .
[1], [2]

The blue-fronted parrot can live up to 66 years, and they and some other
long-lived birds share changes in a set of hundreds of genes that seem to
influence life span. Credit: Glaucia Seixas

Por JoAnna Klein [3][4]
7 de diciembre del 2018

El loro de frente azul puede vivir hasta 66 años, ellos y algunas otras aves
longevas comparten cambios en un conjunto de cientos de genes que
parecen influir su longevidad. Credito: Glaucia Seixas

A macaw named Poncho starred
in movies like “102 Dalmatians,”
“Dr. Doolittle” and “Ace Ventura:
Pet Detective” before retiring in
England. She recently celebrated
her 90th birthday.
Una guacamaya llamada Poncho
protagonizó películas como "102
dálmatas", "Dr. Doolittle ”y “Ace
Ventura: Detective de mascotas”
antes de pensionarse allá en
Inglaterra. Acaba de cumplir 90
años.

Poncho, se considera que es la guacamaya con más edad del mundo. Aquí
cuando cumplió 90 años. En la foto con Emma Small.

Alex, an African grey parrot who
lived to 31, knew colors, shapes
and numbers, and
communicated using basic
expressions. He could do what
toddlers only do after a certain
stage of development — know
when something is hidden from
view.
Alex, un loro gris africano que
vivió hasta los 31 años, conocía
los colores, las formas y los
números, y se comunicaba
utilizando expresiones básicas.
Él podía hacer lo que los niños
pequeños solo hacen después
de una cierta etapa de
desarrollo: saber cuándo hay
algo oculto a la vista.

ALEX, acrónimo de ‘Avian Learning Experiment’ (Experimento de Estudio
Aviario), era un loro gris africano objeto de un experimento durante treinta años
por parte de la psicóloga animal Irene Pepperberg. Llegó a desarrollar la
inteligencia de un niño de cinco años.

And they’re just two of the many

parrots in the world who have
surprised us with their
intelligence, skills and longevity.

 

Y son solo dos de los muchos
loros del mundo que nos han
sorprendido con su inteligencia,
habilidades y longevidad.
“Nature does these experiments
for us, and then we have to go and
ask, how did this happen?” said
Dr. Claudio Mello, a
neuroscientist at Oregon Health
and Science University.

So he and a team of nearly two
dozen scientists looked for clues
in the genome of the blue-fronted
Amazon parrot in Brazil, his
home country.

After comparing its genome with
those of dozens of other birds,
the researchers’ findings suggest
that evolution may have made
parrots something like the
humans of the avian world.
"La naturaleza hace estos
experimentos por nosotros, y
luego tenemos que ir a preguntar,
¿cómo sucedió esto?" , Dijo el Dr.
Claudio Mello, neurocientífico de
la Universidad de Ciencias de la
Salud de Oregon.

Así que él y un equipo de casi
dos docenas de científicos
buscaron pistas en el genoma
del loro del Amazonas de frente
azul en Brasil, su país de origen.

Después de comparar su
genoma con los de docenas de
otras aves, los hallazgos de los
investigadores sugieren que la
evolución puede haber
convertido a los loros en algo
parecido a los humanos del
mundo aviar.
In some ways, the long-lived
feathered friends are as
genetically different from other
birds as humans are from other
primates. Their analysis,
published Thursday in Current
Biology, also highlights how two
very different animals — parrots
and humans — can wind up
finding similar solutions to
problems through evolution.
En cierto modo, los longevos
amigos con plumas son
genéticamente diferentes de
otras aves, como lo son los
humanos de otros primates. Su
análisis, publicado el jueves en
Current Biology, también destaca
cómo dos animales muy
diferentes, los loros y los
humanos, pueden terminar
encontrando soluciones similares
a los problemas a través de la
evolución.

A general rule of life span in
birds and other animals is the
bigger or heavier you are, the
longer you live. A small bird like a
finch may live five to eight years,
while bigger ones like eagles or
cranes can live decades. The
blue-fronted Amazon and some
other parrots are even more
exceptional, in that they can live
up to 66 years — in some cases
outliving their human
companions.

In their analysis, Dr. Mello and
his colleagues found that these
parrots and some other
long-lived birds shared changes
in a set of 344 genes that seem
to be involved in various
processes that influence life
span, like how an animal’s body
repairs DNA, manages cancer or
controls cell growth.

 

Una regla general de vida en
aves y otros animales es que
cuanto más grande o más
pesado seas, más tiempo vives.
Un pájaro pequeño como un
pinzón puede vivir de cinco a
ocho años, mientras que los más
grandes como las águilas o las
grullas pueden vivir décadas. El
Amazonas de frente azul y
algunos otros loros son aún más
excepcionales, ya que pueden
vivir hasta 66 años, en algunos
casos, sobreviviendo a sus
compañeros humanos.

En su análisis, el Dr. Mello y sus
colegas descubrieron que estos
loros y algunas otras aves de
vida larga, compartían cambios
en un conjunto de 344 genes
que parecen estar involucrados
en varios procesos que influyen
en la duración de la vida, como
la forma en que el cuerpo de un
animal repara el ADN, maneja el
cáncer o controla el crecimiento
celular.

While about 20 of these genetic
changes have been implicated in
aging in other animals, the rest of
the genes’ direct role in life span
has not been investigated.
Future studies may reveal that
they’re not just important to aging
in parrots or other long-lived
birds, but in other animals as
well. 

Parrots are distinguished not
only by their longevity, but also
by their cognitive abilities.

“They’re really, really smart
animals, and the brains are
particularly big. We seem to see a
parallel in humans that have
bigger brains and enhanced
capacities, compared to other
animals,” he said. “We think
parrots are the parallel in the
avian world.” 

The team found changes in parts
of the parrot genome remarkably
similar to those that set humans
apart from other primates.

Mientras que alrededor de 20 de
estos cambios genéticos se han
relacionado con el
envejecimiento en otros
animales, el resto del rol directo
de los genes en la vida no se ha
investigado. Los estudios futuros
pueden revelar que no solo son
importantes para el
envejecimiento en loros u otras
aves longevas, sino también en
otros animales.

Los loros se distinguen no solo
por su longevidad, sino también
por sus capacidades cognitivas.

“Son animales realmente muy
inteligentes, y sus cerebros son
particularmente grandes. Parece
que existe un paralelismo con los
humanos que tienen cerebros más
grandes y capacidades
mejoradas, en comparación con
otros animales” , dijo. “Creemos
que los loros son el paralelo en el
mundo aviar” .

El equipo encontró cambios en
partes del genoma del loro
notablemente similares a los que
diferencian a los humanos de
otros primates.

This intrigued Dr. Mello. The
similar changes found in parrots
and humans aren’t to the genes
themselves, but occur along
regions of the genome that
regulate the expression of nearby
genes that seem to play a role in
brain development and
intelligence.

Could these changes explain the
parrot’s large, complex brain and
diverse set of talents?

Only by looking at specifics can
we find out. While it’s relatively
simpler to quantify age and see
how various genetic changes
might alter it, it’s harder to
assess how tiny switches turning
on and off at certain times might
alter the size of a parrot’s brain
— or how well it can impersonate
Matthew McConaughey.

Esto intrigó al Dr. Mello. Los
cambios similares que se
encuentran en los loros y los
humanos no se relacionan con
los genes en sí, sino que ocurren
a lo largo de regiones del
genoma que regulan la expresión
de genes cercanos que parecen
desempeñar un papel en el
desarrollo e inteligencia del
cerebro.

Sólo mirando los detalles
podemos descubrirlo. Si bien es
relativamente más sencillo
cuantificar la edad y ver cómo
varios cambios genéticos
podrían alterarla, es más difícil
evaluar cómo los pequeños
interruptores que se activan y
desactivan en ciertos momentos
pueden alterar el tamaño del
cerebro de un loro, o qué tan
bien puede imitar a Matthew
McConaughey. [5]

By looking at specifics in the
genetic changes of parrots and
humans, researchers in the
future may develop a better
understanding of the powers of
convergent evolution.

Perhaps there is only one path
that leads complex brain
structures and advanced
cognitive abilities like those of
parrots and humans. Or it could
be that there is more than one
evolutionary route capable of
producing such complex
creatures in different parts of the
animal kingdom.

Al observar aspectos específicos
de los cambios genéticos de los
loros y los humanos, los
investigadores en el futuro
pueden desarrollar una mejor
comprensión de los poderes de
la evolución convergente.

Quizás solo hay un camino que
conduce a estructuras cerebrales
complejas y capacidades
cognitivas avanzadas como las
de los loros y los humanos. O
podría ser que haya más de una
ruta evolutiva capaz de producir
criaturas tan complejas en
diferentes partes del reino
animal.

[1] TOMADO DE: https://www.nytimes.com/2018/12/07/science/parrots-genes-longevity.html?em_pos=medium&emc=edit_sc_20181211
&nl=science-times&nl_art=5&nlid=74926866emc%3Dedit_sc_20181211&ref=headline&te=1

[2] NOTA DEL EDITOR: Traducción libre.

[3] Independent journalist, focused on the scientific field, based in Brooklyn. She holds a Master of Arts in Journalism from the Science, Health and Reporting Program at the University of New York. Currently collaborates for the Trilobites column in the New York Times Science Desk and the Observatory section of The Science Times, also with The Daily 360.

Colibríes

Hand-Feeding
Hummingbirds: You
Can Do It, but Should
You? [1]
Videos abound on the internet of
people using customized hats
and other tools to hand-feed the
tiny fliers. Here’s what you need
to know if you’d like to try it.
Alimentando colibríes
con la mano: usted
puede hacerlo, pero ...
¿se debería? [1], [2]
En Internet abundan los vídeos
de gente que usa distintos
artilugios para alimentar con la
mano a los colibríes. Esto es lo
que necesita saber para hacerlo.

By JoAnna Klein [3]
Sept. 8, 2018

Por JoAnna Klein [4]
8 de setiembre, 2018

Spencer Pratt, the former reality
TV star, often feeds
hummingbirds on his Instagram
page. Maybe you’ve watched
him, with a feeder in one hand
and baby in the other, or wearing
special hats and glasses.
Spencer Pratt, ex estrella de
reality shows, a menudo publica
en Instagram como alimenta a
los colibríes.Tal vez lo ha visto
con un alimentador en una mano
y un bebé en la otra, o con
sombreros y gafas especiales.
Or maybe you’re seen videos on
YouTube of other people with
homemade feeding devices like
the “ultimate hummingbird
helmet,” the “original hummer
helmet” or gadgets dangling from
bicycle helmets, hidden in straw
hats, built into creepy masks or
wired onto hat bills. Perhaps
you’ve even bought your own
clip-on hat feeder from Etsy.
O tal vez has visto vídeos en
YouTube de otras personas con
dispositivos de alimentación
caseros como el "casco de
colibrí definitivo", el "casco
hummer original" o aparatos que
cuelgan de cascos de bicicleta,
disimulados con sombreros de
paja. Quizás incluso ha
comprado su propio alimentador
de sombrero de Etsy.
It’s fun to feed hummingbirds and
see them up close — almost like
encountering fairies. But should
we be getting so personal? And if
so, how is it possible for a giant
human to attract a buzzing
bee-bird weighing about as much
as a nickel?
We asked Sheri Williamson, a
naturalist, ornithologist and
author of “A Field Guide to
Hummingbirds of North America.”
Here’s what she said.
O tal ves divertido alimentar a los
colibríes y verlos de cerca, es
casi como ver hadas. ¿Pero no
estaríamos excediéndonos? Y si
lo hacemos, ¿cómo es posible
que un gigante atraiga a una
avecita que pesa como una
monedita?
Le preguntamos a Sheri
Williamson, naturalista,
ornitóloga y autora de "Una guía
de campo para colibríes de
América del Norte". Esto dijo.
“It’s sort of a meditative exercise we
could all use to slow down a bit,”
said Ms. Williamson. “Sitting still
you start to notice things in your
garden you may not have noticed
before. It makes for a nice excuse to
get out and just commune with
nature.”
"Pensándolo bien, no debemos
abusar", dijo la Sra. Williamson.
“Cuando estás inmóvil, empezás a
notar cosas en el jardín que no
habías notado antes. Es una buena
excusa para salir y simplemente
estar en comunión con la
naturaleza”.
To discourage the birds from
thinking of any human as a
possible food source, she said,
try blending in with the
environment as much as
possible. That’s important
because not every human has
good intentions, she notes.
Getting hummingbirds too
accustomed to people can make
them vulnerable to those who
may swat at them out of fear or
attract them for reasons other
than just observation.
“There are reports of people
attracting hummingbirds and doing
terrible things to them,” she said,
like selling them as love charms.
Para evitar que las aves piensen
que cualquier humano es fuente
de alimentación, dijo ella, intente
mezclarse con el medio
ambiente todo lo posible. Eso es
importante porque no todas las
personas tienen buenas
intenciones, nos advirtió ella.
Cuando los colibríes se
acostumbran a las personas, se
convierten en presas fáciles para
quienes los atacan por miedo o
los atrapan por razones distintas
a la observación.
"Hay personas que atraen colibríes
y les hacen cosas terribles", dijo,
como venderlos para amuletos
de amor.

Hummingbirds have excellent
memories.
Hummingbirds can recall when
they visited flowers at specific
locations in their territories and
keep track of whether they’re full
of nectar or depleted. Some
hummingbirds can learn about
colors. And migrating
hummingbirds travel long
distances, returning yearly to the
same locations.

These intelligent birds have huge
brains relative to their bodies,
and they show awareness of
their surroundings. But nobody,
to Ms. Williamson’s knowledge,
has formally tested whether
hummingbirds recognize humans
as food sources.

Anecdotal accounts suggest,
however, that hummingbirds may
look for humans when they find
their feeders empty.

“They’ll fly to the feeder, look at
me, and fly back to the feeder,
almost like a pet waiting at an empty
food dish,” she said.

Los colibríes tienen memoria
excelente.
Los colibríes pueden recordar los
lugares en sus territorios, donde
visitaron flores y hacer un
seguimiento de si tienen néctar o
están agotadas. Algunos
colibríes pueden aprender
colores. Los colibríes que migran
viajan largas distancias y
regresan anualmente a los
mismos lugares.

Estas aves tienen cerebros
enormes en relación a sus
cuerpos, y muestran conciencia
de su entorno. Pero nadie, según
la Sra. Williamson, ha probado
formalmente si los colibríes
reconocen a los humanos como
fuentes de alimento.

Distintas anécdotas sugieren que
los colibríes pueden buscar a las
personas cuando sus comederos
están vacíos.

“Vuelan al comedero, me miran y
regresan al comedero, casi como
una mascota esperando con el plato
de comida vacío”, dijo.

Pick a spot and stay very still.

Take a chair to the same place
on the patio, porch or lawn and
remain motionless so the birds
can investigate the new food
source without fear. “They’re
quite suspicious little creatures, and
they’re also not too quick to accept
new stimuli.”

Because hummingbirds are quite
color-sensitive, you may try
wearing lots of colors.

“A really gaudy Hawaiian print
shirt is an excellent hummingbird
attractor,” said Ms. Williamson.
She also called Mr. Pratt’s
flowered hat, “a great idea.”

Your piece of flair doesn’t have
to look like a flower: “A red
bandanna, headband, gaudy beaded
earrings — you can wax your
mustache red,” she said. Or you
may also try adorning yourself
with flowers from your garden —
especially the kinds
hummingbirds pollinate.

Escogé un lugar y no te movás.

Llevate una silla al mismo lugar
en el patio, el porche o el césped
y permanecé inmóvil. Dejá que
las aves investiguen, sin miedo,
la nueva fuente de alimentaciónr.
"Son criaturas desconfiadas, que no
aceptan con facilidad nuevos
estímulos”.

Como los colibríes son muy
sensibles a los colores, vestite
con muchos colores.

"Una camisa colorida, tipo
hawaiana, atrae mucho a los
colibríes", dijo Williamson. Dijo
que el sombrero de flores del Sr.
Pratt, "es una gran idea".

Tu ropa no tiene que parecerse a
una flor: "Un pañuelo rojo, una
banda para la cabeza, aretes de
cuentas llamativos: podés teñirte el
bigote de rojo", dijo. O también
podés ponerte flores de tu jardín,
especialmente las que atraen a
los colibríes.

No, but it may distract them from
flowers.

In the tropics, Ms. Williamson
said, nonmigratory hummingbirds
seem to be doing a poorer job at
pollination of some flowers near
year-round feeding stations.

“This doesn’t seem to be as much of
a problem here in the temperate
zone — as long as we practice good
feeding habits,” she said.

Regularly clean feeders — the
ones you wear or the ones
hanging in your garden — every
few days or more often in hot
weather with hydrogen peroxide
to keep the nectar from
fermenting and to fend off
microbes that may make
hummingbirds sick.

Also, use low-sugar nectar that
won’t distract them too much
from natural nectar sources they
need to pollinate. The rule of
thumb for all the species of
hummingbirds in North America
is four parts water to one part
cane sugar.

No, pero puede distraerlos de las
flores.

En los trópicos, dijo Williamson,
cuando a los colibríes no
migratorios se les alimenta todo
el año, pareciera que polinizan
menos algunas flores.

"No parece ser un problema grande
en la zona templada, siempre y
cuando practiquemos buenos
hábitos de alimentación", dijo.

Lave regularmente los
comederos, los que usted usa o
los que están en el jardín, más a
menudo en climas cálidos y con
peróxido de hidrógeno (agua
oxigenada) para evitar la
fermentación del néctar y los
microbios que pueden enfermar
a los colibríes.

Además, usá néctar bajo en
azúcar, que se parezca al de las
fuentes naturales y que ellos
polinizan. La regla de oro para
todas las especies de colibríes
en América del Norte es cuatro
partes de agua por una parte de
azúcar de caña.

Your best chance to hand-feed
hummingbirds is when they’re
under stress, which includes this
time of year, when some birds
are preparing to migrate and
unsure of where they’ll find their
next batch of flowers or feeders.
Don’t worry — it’s unlikely that
they’d resist their internal clocks
to stick around for your feeder,
Ms. Williamson said, (though
some nonmigratory species have
expanded their ranges because
of friendly human feeders).

Birds have already started to fly
from the north. But in the south,
this time of year until early
October is near perfect for
creating a safe place for young,
naïve birds, which may be more
exploratory, to sample your
offerings.
“They will remember your yard on
their next journey, and you’ll end up
with a loyal and growing clientele if
you do everything right,” she said.
[5]

Tu mejor oportunidad para
alimentar a los colibríes con la
mano, es cuando están
estresados, porque se están
preparando para migrar y no
están seguras dónde
encontrarán flores o comederos.
Es improbable que se resistan a
sus relojes internos para
quedarse con su alimentador,
dijo la Sra. Williamson (algunas
especies no migratorias han
ampliado sus territorios por los
alimentadores artificiales).

 

Cuando las aves comienzan a
volar desde el norte, en el sur, y
hasta principios de octubre es
perfecto para crear un lugar
seguro para aves jóvenes e
ingenuas, que exploran más, y
se aventuran a probar nuevas
ofertas.

“Recordarán tu jardín en su
próximo viaje, y terminarás con una
clientela leal y creciente si hacés
todo bien”, dijo. [6]

[1] TOMADO DE: https://www.nytimes.com/2018/09/08/science/hummingbirds-feeding.html?em_pos=medium&emc=edit_sc_20180911&
nl=science-times&nl_art=6&nlid=74926866emc%3Dedit_sc_20180911&ref=headline&te=1

[2] NOTA DEL EDITOR: Traducción libre.

[3] Independent journalist, focused on the scientific field, based in Brooklyn. She holds a Master of Arts in Journalism from the
Science, Health and Reporting Program at the University of New York. Currently collaborates for the Trilobites column in
the New York Times Science Desk and the Observatory section of The Science Times, also with The Daily 360.

[4] Periodista independiente, enfocada en el ámbito científico, con sede en Brooklyn. Tiene una Maestría en Artes en
Periodismo del Programa de Ciencia, Salud e Informes de la Universidad de Nueva York. Actualmente colabora para la
columna Trilobites en el New York Times Science Desk y la sección Observatory de The Science Times. También colabora
con The Daily 360.

[5] A version of this article appears in print on Sept. 10, 2018, on Page D2 of the New York edition with the headline: Fast
Food: Quickly Now: How to Hand-Feed Hummingbirds.

[6] La version impresa de este artículo se publicó el 10 de setiembre del 2018 en la página D2 del New York Times, con el
titular: Fast Food: Quickly Now: How to Hand-Feed Hummingbirds.

Un perro salvó mi relación

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Un perro salvó mi relación

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Por MAURA LAMMERS
21 de setiembre del 2018
[1]

Cuando sonó el teléfono, estaba probándome un vestido. Le insistí en que me dejara en paz durante algunas horas de mi día libre, pero Jeff estaba llamándome. Me estaba probando ropa que no podía costear en una tienda a unas cuantas calles de la casa, y cuando él me pidió que saliera, pregunté:
“Cómo sabes dónde estoy?” .
“Vi tu auto” , dijo. “Te tengo una sorpresa” .

Mientras me vestía, traté de darle el beneficio de la duda a mi novio. Tal vez quería tener un gesto amable conmigo, como invitarme un café. En cambio, lo descubrí esperando en la banqueta al lado de un perro color canela que le llegaba a la rodilla. El perro se me acercó, con resoplos causados por la humedad; parecía haber una sonrisa en su hocico de cachetes caídos. Hice el sonido que siempre hago cuando veo a un perro que no conozco; en parte suena como un arrullo de un adulto hacia un bebé y en parte como los gritos de un niño al ver un regalo de Navidad. El perro era bajito y fornido, con la cabeza cuadrada como un pitbull, pelaje delgado y las orejas pequeñas dobladas en triángulos simétricos. 

“¿De quién es este perro?” , pregunté. “¿Cómo se llama? ¡Qué tierno!” .
Jeff dijo que había visto a Pudge desde su auto, merodeando como a un kilómetro y medio de ahí. Preocupado de que el perro estuviera perdido con ese calor, lo siguió durante una cuadra. “Por fin logré acercarme lo suficiente para abrir la puerta” , explicó. “Y Pudge saltó al auto” .
“¿Cómo sabes que se llama Pudge?” .

“No lo sé” , contestó Jeff. “Decidí ponerle así. Sé que tienes planes pero, ¿crees que podrías ayudarme a encontrar a su familia?” .
Esa era una de las cosas que siempre me habían encantado de Jeff, su maña para arruinar mis planes de la mejor manera posible. Hacía tiempo que no me dejaba llevar por su espontaneidad y, con Pudge moviendo la cola frente a mí, no pude negarme. En aquel momento, Jeff y yo llevábamos dos años de relación. Vivíamos juntos desde hacía un año y medio. Cuando nos mudamos a la casa de tres recámaras que compartíamos con dos amigos, yo quería que tuviéramos un perro. Aquello se convirtió en el tema de conversación de todas las noches, hasta que fue motivo de discusiones. Jeff tenía razones lógicas para no aceptar volvernos padres de un perro:
estábamos tratando de ahorrar dinero, teníamos horarios dispares en nuestros trabajos y ambos queríamos irnos de Kansas City, Misuri, pronto.

Yo argumentaba que él solo estaba evitando el compromiso de un perro; y por “compromiso de un perro” me refería al compromiso conmigo. No peleábamos seguido, pero cuando lo hacíamos era por eso. Nunca dudé que Jeff me amara, pero se sentía más cómodo viviendo un día a la vez que haciendo planes a futuro conmigo. En las semanas previas a que encontráramos a Pudge, la vida se nos había complicado más. La hermana de Jeff se había enterado, a los 33 años, de que tenía cáncer cerebral y él decidió que regresaría a casa de sus padres en Minnesota para cuidarla. En aquella época, yo decidí que haría un posgrado en Spokane, Washington.

 

Nos quedaba un mes en nuestro contrato de arrendamiento. Ninguno de los dos quería terminar, pero sabíamos que era lo correcto dadas las circunstancias. Con el mismo optimismo triste, acordamos que quedaríamos como amigos.

Dado que Pudge no tenía placa ni chip, caminamos por el vecindario donde Jeff lo había encontrado hacía tres horas. Recorrimos todas las calles. El perro nos seguía lentamente mientras tocábamos puertas y preguntábamos a los transeúntes si lo reconocían. “No” , escuchábamos una y otra vez. “Pero no hay cómo negar que es lindo. Deberían quedárselo” . Jeff y yo sonreíamos mientras evitábamos hacer contacto visual entre nosotros. Después de dos días de largas caminatas y un sinfín de publicaciones en redes sociales, no había ningún indicio de que estuviéramos más cerca de encontrar a los dueños de Pudge. Un día antes, lo habíamos llevado a revisión con el veterinario y nos enteramos de que tenía una infección en el oído. Cuando le echamos un chorrito de medicamento por la oreja, entrecerró los ojos, pero no se quitó ni intentó mordernos. Nunca ladraba, solo chillaba bajito si Jeff o yo salíamos de la habitación y meneaba la cola cuando regresábamos. No podíamos creer que un perro tan bien portado no tuviera casa. Sin embargo, a pesar del buen comportamiento de Pudge, los amigos con los que vivíamos ya querían que nuestro peludo intruso se fuera, lo cual era comprensible. 

El refugio que no mataba a los animales al que acudimos en Kansas City tenía una política con la cual se debía pagar una tarifa por los perros callejeros si se iban a quedar durante más de 72 horas. Nuestra otra opción era llamar a control de animales, que lo llevaría al mismo refugio, pero de manera gratuita. El tercer día, Jeff hizo la llamada y una oficial fue por el perro una hora después. Pudge salió a recibirla, atravesando la puerta de malla y la saludó igual que hacía con todo el mundo: como si fuera un amigo
al que no veía desde hacía mucho tiempo. “¿Podemos despedirnos?” , pregunté. Traté de contenerme, pero mientras me agachaba para acariciar a Pudge, comencé a llorar, igual que Jeff. La oficial nos miró como si estuviéramos locos. “Miren, no me lo tengo que llevar. Se puede quedar aquí” . “No” , dije, hablando entrecortadamente. “No podemos quedárnoslo” . Mientras la oficial se llevaba a Pudge, Jeff y yo nos abrazamos.

“¿Hice mal?” , preguntó Jeff. “No” , contesté. Pero ambos lloramos con más ganas. Unas dos horas después, cuando Jeff se fue a comprar cervezas para ahogar nuestras penas, recibí un mensaje de Facebook de una mujer que reconoció a Pudge en una de mis publicaciones. Dijo que se llamaba Buddy y me dio el número de sus propietarios. Les escribí para decirles que “Buddy” estaba
esperándolos en el refugio. “Tal vez sea lo mejor” , escribió el hombre. “Ya tenemos tres perros. Estábamos pensando en regalarlo de todos modos” . Para cuando Jeff regresó, sentía que necesitaba algo más fuerte que alcohol.

Saber que los dueños de Pudge no lo querían de vuelta lo cambió todo. Seguíamos sin un centavo. Nuestra relación seguía estando al borde del fin. Además, era cierto que si dejábamos a Pudge en el refugio, podría encontrar otro hogar. No obstante, no pudimos hacerlo.
Nos quedaban dos semanas donde vivíamos antes de que terminara el contrato de arrendamiento, pero no habíamos hablado de terminar. Solo hablábamos de recuperar al condenado perro. Así que hicimos un plan. Dado que yo tenía que mudarme más lejos y tendría un horario más ocupado como estudiante, decidimos que Jeff se llevaría a Pudge. Les suplicamos a nuestros amigos que toleraran al animal un poco más y al padre de Jeff que dejara que Pudge se mudara a su casa a finales de agosto, junto con su hijo adulto. Nuestros amigos y seres queridos aceptaron estas demandas con más amabilidad de la que quizá merecíamos. Tal vez supusieron, con justa razón, que Jeff y yo estábamos al borde del colapso. Trajimos a casa a Pudge a mediados de agosto y seguimos una vida normal una semana más.

Lo llevábamos a pasear, lo bañábamos en el jardín con la manguera, lo regañábamos por pedir comida de humanos. Pudge se extendía por todo el piso de la cocina siempre que yo cocinaba la cena. Tomaba unas diez siestas a lo largo del día y a pesar de ello dormía sin hacer un solo ruido toda la noche. Días antes de la fecha en la que teníamos que mudarnos, miré nuestras maletas y cajas a medio empacar, y a Pudge dormido en su cama. “¿Sabes qué?” , le dije a Jeff. “Me molesta que nunca hayamos hablado de una relación a larga distancia como una opción” . Hasta ese momento había hecho lo posible por irme separando lentamente de Jeff, para aminorar el duelo inevitable. Sin embargo, tener un perro había hecho que tuviéramos una conexión. En lugar de no salir juntos, Jeff y yo llevábamos a Pudge al parque o a almorzar. Discutíamos sobre la mejor marca de comida para perro en lugar de concentrarnos en el final de nuestra relación. Sobre todo, ninguno de nosotros podía darse el lujo de adoptar a un perro
solo. Dividir el costo de las facturas del veterinario, las cuotas de adopción y los suministros fue lo que nos salvó; revivió la generosidad que alguna vez nos habíamos mostrado mutuamente. 

Esa noche, Jeff y yo sopesamos los pros y los contras de mantener una
relación a distancia hasta que necesitamos tomar una pausa. Volvimos a hablar de eso al día siguiente y luego cambiamos el tema. Sacamos a Pudge a caminar y volvimos a hablarlo un poco más. Lo comentamos en la cama, con Pudge dormido en el piso.
A pesar de la distancia entre nosotros, los costos abrumadores de los boletos de avión y la incertidumbre de nuestro futuro, ya no podíamos separarnos, así como no pudimos dejar ir al perro. 

Un año después, Jeff y yo seguimos juntos, aunque vivimos a cientos de kilómetros de distancia. Desearía poder decir que Pudge también sigue con nosotros, pero a principios de diciembre del año pasado, cuatro meses después de que me había mudado, el veterinario descubrió que Pudge tenía cáncer en todo el cuerpo. El primero de enero tuvimos que dormirlo. Pudge no es la única razón por la que Jeff y yo no terminamos, pero fue una razón de peso para unirnos cuando más lo necesitábamos. Al darle un nuevo
hogar a un perro viejo durante los que resultaron ser sus últimos meses, también le dimos a nuestro amor un nuevo lugar para vivir.

i

Notas

Tomado de:
https://www.nytimes.com/es/2018/09/21/modern-love-perro-rompimiento/?emc=edit_bn_20180928&nl=boletin&nlid=7492686620180928&te=1

[1] Maura Lammars es estudiante de posgrado en la Universidad Oriental de Washington.

 

 

 

 

 

¿Porqué se ponen contentos?

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¿Porqué se ponen contentos?

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No hay nada mejor en el mundo que el momento en el que llegamos a casa y nos encontramos a nuestro querido perro esperándonos.
Está tan emocionado de volver a vernos cada vez que desaparecemos durante unas horas, eso es algo que nos llena el corazón de amor. Independientemente del tamaño del perro, se tumban al suelo y comienzan a lamer nuestras caras por todas partes, sin parar de menear la cola como diciendo: ¿Dónde has estado?, te he echado tanto de menos …

Seguro que muchas veces te has hecho la pregunta de cómo es que sucede esto cada vez que sales o vuelves a casa. ¿Por qué mi perrito se emociona tanto al verme llegar? La ciencia podría tener la respuesta a todas estas preguntas, hay dos factores: como los perros han ido evolucionando a lo largo de los años desde lobos y la curiosidad. Mucho antes de que los perros fueran nuestros amigos y compartieran hogar con nosotros, eran lobos que vagaban libremente. El neurocientífico Gregory Berns [1] explicó que lamer las caras es un saludo social (igual que los seres humanos se dan las mano) y lamiendo la cara, los lobos también pueden saber si otros lobos han traído la cena a casa esa noche. Berns ha hecho un montón de investigaciones para averiguar cómo los perros nos ven a los humanos. ¿Nos ven como si fuéramos miembros de su manada de lobos o como una especie completamente diferente? Berns descubrió, a través de pruebas de olor, que los perros podían identificar el olor familiar de los seres humanos, y cómo eso provocó ciertas respuestas. 

“Ningún otro aroma hizo eso, ni siquiera el de un perro de la familia”. “Esto es la prueba de que ellos no nos ven como perros, ellos saben que somos algo diferentes, hay una parte en sus cerebros para nosotros.

Investigando hemos descubierto que los perros aman a sus seres humanos, y no sólo por la comida. Les encanta la compañía de los seres humanos simplemente por su bienestar” , explicó Berns. Berns también menciona que, mientras los humanos pueden pensar en conceptos abstractos, los perros no pueden hacerlo. Así que cuando un perro nos ve, puede estar feliz o triste, no hay nada intermedio.

Y si hemos estado fuera de casa todo el día, el perro probablemente ha estado aburrido sin nada que hacer, ni compañía. En el momento en el que siente que abrimos la puerta, está contento de vernos pero también quiere saber dónde hemos estado. Es por eso que nos da un montón de besos y nos lame la cara, porque el perro necesita saber si hemos estado con otros perros, y también si hemos traído comida a casa para ellos.

Todavía quedan un montón de investigaciones por hacer, pero una cosa es cierta: El volver a casa y encontrar un perro emocionado es lo mejor. Abrir la puerta significa que vas a salkudarlo y a jugar un poco.

i

Notas

TOMADO DE: <https://www.schnauzi.com/neurocientifico-gregory-berns-revela-por-que-perros-se-ponen-contentos-cuando-llegas-casa/>

[1] El Dr. Gregory Berns, neurocientífico en la Universidad de Emory en Atlanta, ha escaneando el cerebro de perros, tratando de descubrir lo que están pensando.