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Un perro salvó mi relación

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Un perro salvó mi relación

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Por MAURA LAMMERS
21 de setiembre del 2018
[1]

Cuando sonó el teléfono, estaba probándome un vestido. Le insistí en que me dejara en paz durante algunas horas de mi día libre, pero Jeff estaba llamándome. Me estaba probando ropa que no podía costear en una tienda a unas cuantas calles de la casa, y cuando él me pidió que saliera, pregunté:
“Cómo sabes dónde estoy?” .
“Vi tu auto” , dijo. “Te tengo una sorpresa” .

Mientras me vestía, traté de darle el beneficio de la duda a mi novio. Tal vez quería tener un gesto amable conmigo, como invitarme un café. En cambio, lo descubrí esperando en la banqueta al lado de un perro color canela que le llegaba a la rodilla. El perro se me acercó, con resoplos causados por la humedad; parecía haber una sonrisa en su hocico de cachetes caídos. Hice el sonido que siempre hago cuando veo a un perro que no conozco; en parte suena como un arrullo de un adulto hacia un bebé y en parte como los gritos de un niño al ver un regalo de Navidad. El perro era bajito y fornido, con la cabeza cuadrada como un pitbull, pelaje delgado y las orejas pequeñas dobladas en triángulos simétricos. 

“¿De quién es este perro?” , pregunté. “¿Cómo se llama? ¡Qué tierno!” .
Jeff dijo que había visto a Pudge desde su auto, merodeando como a un kilómetro y medio de ahí. Preocupado de que el perro estuviera perdido con ese calor, lo siguió durante una cuadra. “Por fin logré acercarme lo suficiente para abrir la puerta” , explicó. “Y Pudge saltó al auto” .
“¿Cómo sabes que se llama Pudge?” .

“No lo sé” , contestó Jeff. “Decidí ponerle así. Sé que tienes planes pero, ¿crees que podrías ayudarme a encontrar a su familia?” .
Esa era una de las cosas que siempre me habían encantado de Jeff, su maña para arruinar mis planes de la mejor manera posible. Hacía tiempo que no me dejaba llevar por su espontaneidad y, con Pudge moviendo la cola frente a mí, no pude negarme. En aquel momento, Jeff y yo llevábamos dos años de relación. Vivíamos juntos desde hacía un año y medio. Cuando nos mudamos a la casa de tres recámaras que compartíamos con dos amigos, yo quería que tuviéramos un perro. Aquello se convirtió en el tema de conversación de todas las noches, hasta que fue motivo de discusiones. Jeff tenía razones lógicas para no aceptar volvernos padres de un perro:
estábamos tratando de ahorrar dinero, teníamos horarios dispares en nuestros trabajos y ambos queríamos irnos de Kansas City, Misuri, pronto.

Yo argumentaba que él solo estaba evitando el compromiso de un perro; y por “compromiso de un perro” me refería al compromiso conmigo. No peleábamos seguido, pero cuando lo hacíamos era por eso. Nunca dudé que Jeff me amara, pero se sentía más cómodo viviendo un día a la vez que haciendo planes a futuro conmigo. En las semanas previas a que encontráramos a Pudge, la vida se nos había complicado más. La hermana de Jeff se había enterado, a los 33 años, de que tenía cáncer cerebral y él decidió que regresaría a casa de sus padres en Minnesota para cuidarla. En aquella época, yo decidí que haría un posgrado en Spokane, Washington.

 

Nos quedaba un mes en nuestro contrato de arrendamiento. Ninguno de los dos quería terminar, pero sabíamos que era lo correcto dadas las circunstancias. Con el mismo optimismo triste, acordamos que quedaríamos como amigos.

Dado que Pudge no tenía placa ni chip, caminamos por el vecindario donde Jeff lo había encontrado hacía tres horas. Recorrimos todas las calles. El perro nos seguía lentamente mientras tocábamos puertas y preguntábamos a los transeúntes si lo reconocían. “No” , escuchábamos una y otra vez. “Pero no hay cómo negar que es lindo. Deberían quedárselo” . Jeff y yo sonreíamos mientras evitábamos hacer contacto visual entre nosotros. Después de dos días de largas caminatas y un sinfín de publicaciones en redes sociales, no había ningún indicio de que estuviéramos más cerca de encontrar a los dueños de Pudge. Un día antes, lo habíamos llevado a revisión con el veterinario y nos enteramos de que tenía una infección en el oído. Cuando le echamos un chorrito de medicamento por la oreja, entrecerró los ojos, pero no se quitó ni intentó mordernos. Nunca ladraba, solo chillaba bajito si Jeff o yo salíamos de la habitación y meneaba la cola cuando regresábamos. No podíamos creer que un perro tan bien portado no tuviera casa. Sin embargo, a pesar del buen comportamiento de Pudge, los amigos con los que vivíamos ya querían que nuestro peludo intruso se fuera, lo cual era comprensible. 

El refugio que no mataba a los animales al que acudimos en Kansas City tenía una política con la cual se debía pagar una tarifa por los perros callejeros si se iban a quedar durante más de 72 horas. Nuestra otra opción era llamar a control de animales, que lo llevaría al mismo refugio, pero de manera gratuita. El tercer día, Jeff hizo la llamada y una oficial fue por el perro una hora después. Pudge salió a recibirla, atravesando la puerta de malla y la saludó igual que hacía con todo el mundo: como si fuera un amigo
al que no veía desde hacía mucho tiempo. “¿Podemos despedirnos?” , pregunté. Traté de contenerme, pero mientras me agachaba para acariciar a Pudge, comencé a llorar, igual que Jeff. La oficial nos miró como si estuviéramos locos. “Miren, no me lo tengo que llevar. Se puede quedar aquí” . “No” , dije, hablando entrecortadamente. “No podemos quedárnoslo” . Mientras la oficial se llevaba a Pudge, Jeff y yo nos abrazamos.

“¿Hice mal?” , preguntó Jeff. “No” , contesté. Pero ambos lloramos con más ganas. Unas dos horas después, cuando Jeff se fue a comprar cervezas para ahogar nuestras penas, recibí un mensaje de Facebook de una mujer que reconoció a Pudge en una de mis publicaciones. Dijo que se llamaba Buddy y me dio el número de sus propietarios. Les escribí para decirles que “Buddy” estaba
esperándolos en el refugio. “Tal vez sea lo mejor” , escribió el hombre. “Ya tenemos tres perros. Estábamos pensando en regalarlo de todos modos” . Para cuando Jeff regresó, sentía que necesitaba algo más fuerte que alcohol.

Saber que los dueños de Pudge no lo querían de vuelta lo cambió todo. Seguíamos sin un centavo. Nuestra relación seguía estando al borde del fin. Además, era cierto que si dejábamos a Pudge en el refugio, podría encontrar otro hogar. No obstante, no pudimos hacerlo.
Nos quedaban dos semanas donde vivíamos antes de que terminara el contrato de arrendamiento, pero no habíamos hablado de terminar. Solo hablábamos de recuperar al condenado perro. Así que hicimos un plan. Dado que yo tenía que mudarme más lejos y tendría un horario más ocupado como estudiante, decidimos que Jeff se llevaría a Pudge. Les suplicamos a nuestros amigos que toleraran al animal un poco más y al padre de Jeff que dejara que Pudge se mudara a su casa a finales de agosto, junto con su hijo adulto. Nuestros amigos y seres queridos aceptaron estas demandas con más amabilidad de la que quizá merecíamos. Tal vez supusieron, con justa razón, que Jeff y yo estábamos al borde del colapso. Trajimos a casa a Pudge a mediados de agosto y seguimos una vida normal una semana más.

Lo llevábamos a pasear, lo bañábamos en el jardín con la manguera, lo regañábamos por pedir comida de humanos. Pudge se extendía por todo el piso de la cocina siempre que yo cocinaba la cena. Tomaba unas diez siestas a lo largo del día y a pesar de ello dormía sin hacer un solo ruido toda la noche. Días antes de la fecha en la que teníamos que mudarnos, miré nuestras maletas y cajas a medio empacar, y a Pudge dormido en su cama. “¿Sabes qué?” , le dije a Jeff. “Me molesta que nunca hayamos hablado de una relación a larga distancia como una opción” . Hasta ese momento había hecho lo posible por irme separando lentamente de Jeff, para aminorar el duelo inevitable. Sin embargo, tener un perro había hecho que tuviéramos una conexión. En lugar de no salir juntos, Jeff y yo llevábamos a Pudge al parque o a almorzar. Discutíamos sobre la mejor marca de comida para perro en lugar de concentrarnos en el final de nuestra relación. Sobre todo, ninguno de nosotros podía darse el lujo de adoptar a un perro
solo. Dividir el costo de las facturas del veterinario, las cuotas de adopción y los suministros fue lo que nos salvó; revivió la generosidad que alguna vez nos habíamos mostrado mutuamente. 

Esa noche, Jeff y yo sopesamos los pros y los contras de mantener una
relación a distancia hasta que necesitamos tomar una pausa. Volvimos a hablar de eso al día siguiente y luego cambiamos el tema. Sacamos a Pudge a caminar y volvimos a hablarlo un poco más. Lo comentamos en la cama, con Pudge dormido en el piso.
A pesar de la distancia entre nosotros, los costos abrumadores de los boletos de avión y la incertidumbre de nuestro futuro, ya no podíamos separarnos, así como no pudimos dejar ir al perro. 

Un año después, Jeff y yo seguimos juntos, aunque vivimos a cientos de kilómetros de distancia. Desearía poder decir que Pudge también sigue con nosotros, pero a principios de diciembre del año pasado, cuatro meses después de que me había mudado, el veterinario descubrió que Pudge tenía cáncer en todo el cuerpo. El primero de enero tuvimos que dormirlo. Pudge no es la única razón por la que Jeff y yo no terminamos, pero fue una razón de peso para unirnos cuando más lo necesitábamos. Al darle un nuevo
hogar a un perro viejo durante los que resultaron ser sus últimos meses, también le dimos a nuestro amor un nuevo lugar para vivir.

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Notas

Tomado de:
https://www.nytimes.com/es/2018/09/21/modern-love-perro-rompimiento/?emc=edit_bn_20180928&nl=boletin&nlid=7492686620180928&te=1

[1] Maura Lammars es estudiante de posgrado en la Universidad Oriental de Washington.

 

 

 

 

 

Conversando con Gregory Berns

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Conversando con Gregory Berns

Claudia Dreifus

Claudia Dreifus

8 de Setiembre del 2017

Wil, an Australian shepherd, waited to have his brain scanned in a magnetic
resonance imaging machine, part of an experiment by Dr. Gregory Berns. Wil’s
head is wrapped with medical gauze to hold in ear-plugs that muffle the noise.
Credit: Dustin Chambers for The New York Times

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Dr. Gregory Berns, 53, a neuroscientist at Emory University in Atlanta, spends his days scanning the brains of dogs, trying to figure out what they’re thinking. The research is detailed in a new book, “What It’s Like to Be a Dog.” Among the findings: Your dog may really love you for you — not for your food. We spoke during his recent visit to New York City and later by telephone. The conversation below has been edited and condensed for space and clarity.

How did your canine studies begin?

It really started with the mission that killed bin Laden. There had been this dog, Cairo, who’d leapt out of the helicopter with the Navy SEALs. Watching the news coverage gave me an idea. Helicopters are incredibly noisy. Dogs have extremely sensitive hearing. I thought, “Gee, if the military can train dogs to get into noisy helicopters, it might be possible to get them into noisy M.R.I.s.”

Why?

To find out what dogs think and feel. A year earlier, my favorite dog, a pug named Newton, had died. I thought about him a lot. I
wondered if he’d loved me, or if our relationship had been more about the food I’d provided. As a neuroscientist, I’d seen how
M.R.I. studies helped us understand which parts of the human brain were involved in emotional processes. Perhaps M.R.I. testing could teach us similar things about dogs. I wondered if dogs had analogous functions in their brains to what we humans have.

El Dr. Gregory Berns, de 53 años, neurocientífico en la Universidad de Emory en Atlanta, pasa sus días escaneando el cerebro de los perros, tratando de descubrir lo que están pensando. La investigación se detalla en un nuevo libro, “Lo que es ser un perro”. Entre los hallazgos: Su perro puede realmente amarlo por usted, no por su comida. Hablamos durante su reciente visita a la ciudad de Nueva York y más tarde por teléfono. La conversación a continuación ha sido editada y condensada por espacio y claridad.

¿Cómo empezaron sus estudios en perros?

Realmente comenzó con la misión que mató a Bin Laden. Mostraron a un perro, “Cairo”, que había saltado del helicóptero con los marines SEAL. Al ver las noticias, se me ocurrió la idea. Los helicópteros son increíblemente ruidosos. Los perros tienen una audición
extremadamente sensible. Pensé: “Caramba, si los militares pueden entrenar a los perros para que entren en helicópteros ruidosos
, es posible que entren en ruidosos M.R.I.” [4]

¿Porqué?

Para saber qué piensan y sienten los perros. Un año antes, mi perro favorito, un pug llamado Newton, había muerto. Pensé en él mucho. Me preguntaba si me había amado, o si nuestra relación había sido más acerca de la comida que le había proporcionado. Como neurocientífico, había visto cómo los estudios con M.R.I. nos ayudaron a comprender qué partes del cerebro humano estaban involucradas en los procesos emocionales. Quizás los exámenes con M.R.I. podrían enseñarnos cosas similares sobre perros. Me preguntaba si los perros tenían funciones análogas en sus cerebros a lo que los humanos tenemos.

How did you solve this?

I worked with an Atlanta-based dog trainer, Mark Spivak, to break down the steps that might make it possible for dogs to go into an M.R.I.
In my basement, I built an M.R.I. simulator. We introduced Callie, the family terrier and the Newton replacement, to it — acclimating her to the noise, teaching her to climb the stairs leading to the machine, recline into a head rest and be motionless for increasing periods of time. After she mastered these tasks, we combined them, as would be necessary when she encountered a real M.R.I. It took her three months of practicing every day. After perfecting a training system, we sent out a call to local dog owners for volunteers for the study.
Since 2012, we’ve trained and scanned a total of about 90 dogs. As a matter of principle, we never restrained or drugged any.
If a dog wants to get up from the M.R.I. and leave, they can. There’s no compulsion.

How did the actual testing look like?

Mostly, we did tests analogous to neuroscience tests already done on people. For instance, we trained the dogs to do the go, no-go test. It is similar to the famous marshmallow experiment, which measures the ability of people to delay gratification.

 

 

¿Cómo resolvió eso?

Trabajé con un entrenador de perros de Atlanta, Mark Spivak, para lograr que los perros ingresaran al M.R.I.
En mi sótano, construí simulador de M.R.I. Se lo presentamos a Callie, el terrier familiar y el reemplazo de Newton, acostumbrándolo al ruido, enseñándole a subir las escaleras que conducen a la máquina, recostarse en un reposacabezas y a quedarse inmóvil por períodos cada vez mayores. Después de que ella dominó estas tareas, las combinamos de la forma que sería cuando enfrentara un M.R.I., real. Le tomó tres meses de práctica diaria. Después de perfeccionar el entrenamiento, solicitamos perros voluntarios para el
estudio. Desde 2012, hemos entrenado y escaneado aproximadamente 90 perros. Como cuestión de principio, nunca amarramos ni
drogamos ninguno. Si un perro quiere levantarse del M.R.I. e irse, puede hacerlo.

¿Cómo son las pruebas actualmente?

En su mayoría, hicimos pruebas análogas a las pruebas de neurociencia que se hacen en personas. Por ejemplo, entrenamos a los perros para que hagan la prueba de ir y no ir. Es similar al famoso experimento de malvavisco, que mide la capacidad de las personas para retrasar la gratificación. [5]

 

 

 

 

For the dogs, we trained them to nose-poke a target whenever they heard a whistle — go. Then, we taught them that arms raised in a cross meant no-go. If they saw raised arms while hearing a whistle, it was still no-go. In the scanner, we could see that when we went no-go, a part of the prefrontal lobe became active. Dogs who had more activity there did better. It is the same for humans in the marshmallow test. I don’t believe this has been seen before in non-primates. It shows that dogs use corresponding parts of their brain
to solve similar tasks as people do.

Do dogs love us more than food? How did your test for that?

We did an experiment where we gave them hot dogs some of the time and praise some of the time. When we compared their responses and looked at the rewards center of their brains, the vast number of dogs responded to praise and food equally. Now, about 20 percent had stronger responses to praise than to food. From that, we conclude that the vast majority of dogs love us at least as much as food.
Another thing that we’ve learned by showing pictures of objects and people to the dogs is that they have dedicated parts of their brain for processing faces. So dogs are in many ways wired to process faces.

 

 

 

 

 

Para los perros, los entrenamos para tocar con la nariz el blanco cada vez que escuchaban un silbido. Luego, les enseñamos que poner los brazos en cruz significaba no ir. Si veían los brazos levantados mientras escuchaban un silbido, aún no podían moverse. En el escáner, pudimos ver que una parte del lóbulo prefrontal se activó. Los perros más activos lo hicieron mejor. Es lo mismo para los humanos en la prueba de malvavisco. [5] No creo que esto se haya realizado antes en no primates. Muestra que los perros usan las partes correspondientes de su cerebro para resolver tareas de manera similar a las personas.

¿Los perros nos quieren más que a la comida? ¿Cómo lo ha probado?

 

Hicimos un experimento en el que les dimos hot dogs algunas veces y los elogiamos otras. Cuando comparamos sus respuestas y observamos el centro de recompensas de sus cerebros, la gran cantidad de perros respondió por igual a los elogios y a la comida.
Ahora, alrededor del 20 por ciento tenía respuestas más fuertes a la alabanza que a la comida. A partir de eso, concluimos que la gran mayoría de los perros nos aman al menos tanto como a la comida. Otra cosa que hemos aprendido al mostrar imágenes de objetos y
personas a los perros es que tienen partes dedicadas de su cerebro para procesar rostros. Por lo tanto, los perros están conectados de muchas maneras para procesar rostros.

 

 

 

This means that dogs aren’t just learning from being around us that human faces are important — they are born to look at faces. This wasn’t known before.

Are there practical uses to your research?

It can be useful for training service dogs. For two years, we collaborated with Canine Companions for Independence to study puppies
slated to become service dogs. Most service dogs cost between $20,000 and $60,000, because they need extremely intense training to be able to do their future work. Even though these puppies are specifically bred for the task, a great many turn out to be inappropriate. Canine Companions wanted us to try to identify which puppies were most likely to succeed. So we scanned their puppies and
followed up on them later. We found that the dogs who were the best candidates had more activity in the brain region that has the most dopamine receptors, the caudate nucleus. They also had less activity in the part of the brain associated with fear and anxiety, the amygdala.

You’ve done brain-scanning of sea lions.? What has that taught you

In recent years, record numbers of sea lions have been washing up on California beaches, having seizures and unable to function.

 

 

 

 

 

 

Esto significa que los perros no solo están aprendiendo al estar cerca de nosotros que los rostros humanos son importantes: nacen
para mirar rostros. Esto no se sabía antes

¿Su investigación tiene usos prácticos?

Puede ser útil para entrenar perros de servicio. Durante dos años, colaboramos con Canine Companions for Independence para estudiar
cachorros escogidos para convertirse en perros de servicio. .La mayoría de los perros de servicio cuestan entre $ 20,000 y $ 60,000, porque necesitan un entrenamiento extremadamente intenso para poder realizar su trabajo. A pesar de que estos cachorros son criados específicamente para la tarea, muchos resultan ser inapropiados. Canine Companions quería que intentáramos identificar qué cachorros tenían más probabilidades de tener éxito. Así que escaneamos sus cachorros y los seguimos. Descubrimos que los perros que eran los mejores candidatos tenían más actividad en la región del cerebro que tiene la mayor cantidad de receptores de dopamina, el núcleo caudado. También tenían menos actividad en la parte del cerebro asociada con miedo y ansiedad, la amígdala.

¿Ha hecho un escaneo cerebral en leones marinos? ¿Qué le ha enseñado eso?

Recientemente, cantidades inusuales de leones marinos han desaparecido de las playas de California, teniendo convulsiones e incapaces de funcionar.

 

 

 

 

With other researchers, we scanned the brains of stranded animals, looking to pinpoint the damaged parts. It turns out to be the hippocampus. This is what is damaged in people with temporal lobe epilepsy. The sea lions taught me that consciousness disorders in
animals can look very similar to consciousness disorders in people. In fact, the aggregate of my research has made me realize how similar many animals are to us. The main thing that these studies have given me personally is serious questions about how we treat animals. Think about how we farm animals in large industrialized centers, where they are confined for much of their lives and then slaughtered, often cruelly. If the animals are aware of their suffering — and I think they are — we ought to reconsider their treatment. On a personal level, I’ve been a vegetarian, to varying degrees, since college. This research makes it clear that animals have brains with the capacity to feel many of the emotions we do. That sharpens my resolve to be a better vegetarian, although I have also learned not to beat
myself up about it when I fall short. A version of this article appears in print on Sept. 11, 2017, on Page D5 of the New York edition with the headline: He Knows What Your Dog Is Thinking (It’s Sweet).

 

 

 

 

 

 

 

 

Con otros investigadores, escaneamos los cerebros de animales varados, buscando identificar las partes dañadas. Resultó ser el hipocampo. Esto es lo que se daña en personas con epilepsia del lóbulo temporal. Los leones marinos me enseñaron que los trastornos de la conciencia en los animales pueden parecer muy similares a los trastornos de la conciencia en las personas. De hecho, el valor agregado de mi investigación fue darme cuenta de lo similares que son a nosotros muchos animales. En lo personal, estos estudios
me han dejado preguntas serias, de cómo tratamos a los animales. Piense en cómo criamos animales en grandes centros En lo personal, estos estudios me han dejado preguntas serias, de cómo tratamos a los animales. Piense en cómo criamos animales en grandes centros industrializados, donde están confinados durante gran parte de sus vidas y luego son sacrificados, a menudo con
crueldad.industrializados, donde están confinados durante gran parte de sus vidas y luego son sacrificados, a menudo con crueldad. Si los animales son conscientes de su sufrimiento, y creo que lo están, debemos reconsiderar como los tratamos. A nivel personal, he sido
vegetariano, en diversos grados, desde la universidad. Esta investigación deja en claro que los animales tienen cerebros con la capacidad de sentir muchas de las emociones que tenemos. Eso refuerza mi determinación de ser un mejor vegetariano, aunque también aprendí a no perder valor cuando no acierto. La versión impresa de este artículo se publicó el 11 de setiembre de 2017, en la página D5 de la edición de Nueva York con el titular: Él sabe lo que su perro está pensando (es tierno).

 

 

 

 

 

 

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Notas

[1] NOTA DEL EDITOR: El texto original está en inglés.

[2] NOTA DEL EDITOR: Traducción libre.

[3] Claudia Dreifus es periodista del New York Times.

[4] M.R.I. es el acrónimo para Resonancia Magnética (Magnetic Resonance Imaging).

[5] Conocido originalmente como “The Marshmallow Test”, esta prueba consiste en llevar a un niño a una habitación donde había una golosina (una nube de azúcar o Marshmallow en Inglés) y le decían que si era capaz de resistir la tentación y no comérsela durante 15 minutos, después podría tomar más de una.

La ciencia del Bienestar Animal

 

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¿Qué es la ciencia del bienestar animal?

MVZ. Mtra. Irma Gómez Castañeda [ (1)]

RESUMEN

¿Qué no es bienestar animal?

Los que nos dedicamos a la difusión y formación en bienestar animal nos hemos encontrado, en más de una ocasión, con colegas veterinarios o en formación que no tienen idea de lo que significa el bienestar animal o que exhiben una enorme confusión y vacío de conocimientos en este importante tema, siendo que el profesional veterinario es el destinatario primario de esta información.

No debe sorprendernos pues se trata de una disciplina relativamente nueva que recién empieza a formar parte de la educación veterinaria en nuestro país y que no se enseñó a los ya graduados.

El bienestar animal no es bienestarismo, ni proteccionismo animal, y mucho menos animalismo. El bienestar animal es una ciencia basada en hechos comprobables, sin ningún tipo de connotación subjetiva ni ideológica.

Conceptos básicos

El concepto de bienestar animal nace en el año 1964 en Inglaterra, después del escándalo generado por la publicación Animal Machines, libro de la periodista Ruth Harrison, que expone la realidad de la agricultura intensiva.
La obra se publicó en siete países y obligó al gobierno británico a crear una comisión para investigar y ahondar en el tema. La investigación, encabezada
por Roger Brambell, determinó que efectivamente los animales de producción eran manejados de manera inadecuada, insalubre y con altos niveles de maltrato, lo cual derivó en la creación del European Convention for the protection of animals kept for farming purposes (Convenio Europeo para la protección de los animales en las ganaderías).

Treinta años después, la World Veterinary Association (WVA, por sus siglas en inglés), estableció mediante recomendaciones dirigidas a todos los veterinarios en práctica y en formación académica a nivel mundial, las políticas oficiales relativas al bienestar animal y la etología. No fue sino hasta el tratado Maastricht en el año 1997, promovido por la Unión Europea, cuando por primera vez en la historia se describe a los animales como “seres sensibles”. Aunque generó una gran controversia ética, pues si los animales sentían entonces los animales podían sufrir, dejó atrás el concepto de los animales como cosas u objetos.

El valor intrínseco de los animales

En los últimos años hemos sido testigos de una creciente preocupación del profesional veterinario y de los propietarios, hacia los animales de compañía, de laboratorios, de granjas, de producción e incluso de zoológicos y acuarios, por las responsabilidades que su tenencia acarrea. Se trata por supuesto de una preocupación significativa, pero no de fácil solución, sobre todo cuando no tenemos en nuestras manos los fundamentos y conocimientos para resolverlos.

Los animales tienen instintos y necesidades biológicamente determinadas; pueden experimentar dolor y sufrimiento; requieren siempre una buena calidad de vida y como parte de esta, cuando es necesario una muerte digna y humanitaria.

Sin embargo, el bienestar animal, entendiéndolo de forma adecuada, no se refiere exclusivamente a la ausencia de crueldad o de sufrimiento. El bienestar animal se mide con herramientas y parámetros que calculan el estado físico y mental del paciente, mediante su expresión etológica, así como la observación de las llamadas cinco libertades.

La comisión dirigida por el profesor Roger Brambell expresó (Her Majestry’s Stationery Office, 1965) El bienestar de un animal, por lo tanto, puede considerarse adecuado, siempre y cuando el animal se encuentre en un buen estado físico, se observe y compruebe saludable y sin presencia de sufrimiento.

Condiciones para el bienestar animal

El término bienestar animal se refiere a la manera en la cual un animal afronta las condiciones de su entorno. Según indican pruebas científicas, un animal está en buenas condiciones de bienestar si se encuentra sano, cómodo, con una alimentación adecuada, expresando sus formas básicas de comportamiento y si no padece sensaciones desagradables de dolor, miedo
o desasosiego. La correcta aplicación de las condiciones de bienestar en un animal, exige que sea tratado de forma adecuada y que reciba una correcta alimentación; que se le prevenga de enfermedades y se le administren los tratamientos médicos veterinarios apropiados; y que reciba, cuando sea necesario, la eutanasia humanitaria.

El bienestar animal tiende, pues, a que, durante su captura, manejo, traslado, exhibición, comercialización y, en casos específicos, liberación, los animales estén libres de dolor, enfermedad, lesiones, sufrimiento, distrés, traumatismos, cansancio y miedo.

Por todo ello, el bienestar animal comprende tanto el satisfacer las necesidades del animal como el de evitarle sufrimiento.

Las cinco libertades

El reporte Brambell describió las “cinco libertades de los animales domésticos”, como la capacidad de poder fácilmente “darse vuelta, asearse, levantarse, acostarse y estirarse”

(Her Majestry’s Stationery Office, 1965).
Años más tarde, y a partir de las propuestas del Consejo Británico de
Bienestar para los Animales de Granja, la WVA adoptó sus propios cinco derechos aplicables a todas las especies animales.

En el año 1993, en Gran Bretaña, el Farm Animal Welfare Council (FAWC), formuló las cinco libertades enfocadas al bienestar de los animales: [ (2)]

1. Libres de hambre y sed.
2. Libres de incomodidad.
3. Libres de dolor, injurias y enfermedad.
4. Libres de poder expresar su comportamiento normal.
5. Libres de miedo y estrés.

proporcionarles una dieta que permita conservar un estado físico apropiado; otorgarles un ambiente seguro que incluya la comodidad en sus áreas de descanso; la instauración de esquemas de medicina preventiva y diagnóstica, y la aplicación de tratamientos de manera oportuna; el espacio suficiente e infraestructura adecuada para la socialización con animales de su misma especie, y las condiciones óptimas de alojamiento que reduzcan el estrés psicológico.

La American Veterinary Medical Association (AVMA) propuso ocho principios para el desarrollo y evaluación de las políticas de bienestar animal a nivel mundial con el fin de asegurar el respeto a estas libertades:

1. El uso responsable de los animales para fines como compañía,
alimentación, obtención de fibras, recreación, trabajo, educación,
exposición e investigación.
2. El equilibrio de los conocimientos científicos y el juicio profesional,
así como la consideración de valores éticos y sociales en la toma
de decisiones relacionadas con el cuidado de animales.
3. Derecho de todos los animales al agua, alimento, manejo adecuado, atención médica y un ambiente apropiado para su cuidado y uso, considerando su biología y el comportamiento típico de la especie.
4. Atención de los animales minimizando las respuestas ante el miedo, dolor, distrés y sufrimiento.
5. Atención a los procedimientos relacionados con la vivienda de los
animales, la gestión, atención y el uso de estos, los que deberán ser evaluados de manera continuada, y en caso necesario ser adecuados o incluso reemplazados.
6. Conservación y gestión de las poblaciones animales con criterios
humanitarios, socialmente responsables y científicamente prudentes.
7. Trato respetuoso y digno a lo largo de toda su vida y, cuando sea necesario, una muerte humanitaria.
8. Esfuerzo permanente de la comunidad profesional veterinaria para mejorar la salud y el bienestar animal a través de la investigación científica, la educación, la colaboración, la promoción y el desarrollo de la legislación y reglamentación.

Indicadores

De acuerdo con Duncan y Col (1993), la valoración del confort y el bienestar animal se puede realizar a través de indicadores fisiológicos o bioquímicos y de la medición etológica.

La presencia de indicadores de comportamiento atípico ayuda a valorar fallas en el bienestar animal que resultan en el detrimento de la salud del paciente.
Este cambio será notable debido a la modificación de las variables fisiológicas. Se puede observar de manera inicial la merma en el porcentaje de productividad y la modificación y disminución de tallas; se harán cada vez más evidentes las alteraciones de conductuales cómo:

1. Apatía social.
2. Fugas.
3. Vocalizaciones.
4. Automutilaciones.
5. Luchas y agresiones.

La ciencia del bienestar animal se sirve también de diversas parámetros, tales como la longevidad, las enfermedades, la inmunosupresión, el comportamiento, la fisiología y la reproducción, aunque existen debates acerca de cuál de estos indicadores proporcionan la información más fidedigna.

Las investigaciones científicas hechas hasta el momento se han enfocado en el bienestar de los animales de granja, pero en la última década han presentado un franco desarrollo y modificado sus objetivos principales:

1. Desarrollar métodos que permitan valorar el bienestar de los animales de manera objetiva.
2. Ahondar en el conocimiento de los componentes cognitivos y neurofisiológicos relacionados con la ansiedad, las emociones y los procesos de adaptación animal como el Distrés (Acumulación de comportamientos estresantes).
3. Fomentar estrategias que mejoren el bienestar animal en las explotaciones ganaderas, principalmente durante el transporte y sacrificio.

Necesidades básicas

Las necesidades básicas de los animales fueron definidas por Broom y Johnson (1993) como el “requisito fundamental en la biología del animal para obtener un recurso en particular o responder a un estímulo ambiental o corporal particular”

Y deberán ser cubiertas para corroborar el bienestar de los animales.

Las necesidades básicas incluyen una diversidad de suministros (alimento, agua, áreas cómodas, enriquecimiento ambiental, medicina preventiva) que se pueden clasificar en tres tipos de requerimientos mínimos para considerar que aportan al bienestar:

1. Suministros para mantener la salud (prevención de lesiones y enfermedades).
2. Suministros para mantener la comodidad (enriquecimiento de espacios que derivan en una mejor calidad de vida).
3. Suministros para conservar la vida (asegurar la supervivencia).

      

El bienestar animal y su declaración universal

En el año 2000 la World Society of the Protection of Animals (WSPA) y La Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals (RSPCA), organizaron en Londres el Animal 2000 World Congress. El evento tuvo como tópico principal “El futuro del bienestar de los animales recae en lograr un reconocimiento internacional de que los animales importan”. Ante más de 300 delegados de todo el mundo se resentó la propuesta de Declaración Universal sobre Bienestar Animal.  [ (3)]

La aceptación de una declaración universal sobre bienestar animal por parte de la Organización de las Naciones Unidas permitiría no solo establecer el bienestar animal como tema internacional, sino que promovería referencias políticas que animen a los diferentes países a crear o actualizar su legislación en bienestar animal, a reconocer que este tema es una factor clave en el diseño de las políticas humanitarias y ambientales, y a promover y vigilar que los diferentes sectores que utilizan animales mantengan el bienestar animal como una prioridad.

Luego del congreso mundial, la comunidad veterinaria internacional se ha se ha centrado en dejar claras las diferencias entre el bienestar animal como ciencia, y los principios éticos y legales.

Conclusiones

El concepto de bienestar animal como ciencia, debe ser comprendido no solo por el sector veterinario, sino también por propietarios, productores, benefactores, criadores, sociedad en general, proteccionistas y animalistas,; pues solo de esta manera se logrará extender el concepto correcto del trato
humanitario hacia los animales.

Es deber del médico veterinario instruir a los diferentes sectores sociales sobre los aspectos de la salud y el bienestar de los animales, considerando la estrecha relación que tienen con los humanos: como mascotas o compañeros de juego de los infantes; como compañía para los ancianos, personas con capacidades diferentes, parejas sin hijos, DINKY (double-income, no kids) y personas solitarias, por mencionar solo un aspecto del fuerte vínculo entre personas y animales.

Es el médico veterinario el único que puede evaluar de manera científica y objetiva el estado de bienestar del animal, siendo por si una responsabilidad fundamental que se justifica no solo en el saber, si no en el hacer y la sensibilidad que enmarca actualmente el pensamiento global.

Al asumir el tema de bienestar animal en su práctica diaria, el veterinario agrega valor a sí mismo y a su profesión.

TOMADO DE: http://www.vanguardiaveterinaria.com.mx/bienestar-animal

BIBLIOGRAFÍA

1. M1.-Medleau L, Ristic Z, McElveen DR. Daily ivermectin for the treatment of generalized demodicosis in dogs. Veterinary Dermatology 1996;7:209-212.
2. Grandin, T. & Deesing, M. Distress in Animals: Is it Fear, Pain or Physical Stress? Department of Animal Science, Colorado State University, Fort Collins, Colorado 80523-1171, USA. American Board of Veterinary Practitioners – Symposium 2002 May 17, 2002, Manhattan Beach, California. Special Session. Pain, Stress, Distress and Fear Emerging Concepts and Strategies in Veterinary Medicine.
3. Gonyou, H.W. (1991) Animal Welfare: Definitions and Assessment, International Conference on Farm Animal Welfare, Aaspen Institute, USA.
4. Estol, L. (2008) Medir el Bienestar Animal científicamente. En www.produccion-animal.com.ar
5. Report of the “Technical Committee to Enquire into the Welfare of Animals kept under intensive Husbandry Systems” (1965) Her Majestry’s Stationery Office. Command Paper 2836. London. UK.
6. Consigli, R. I., Aimar, M. V., Cravero, B. F., Rosmini, M. R. (2009) Bienestar Animal: manual de buenas prácticas pecuarias para establecimientos productores de ganado bovino de carne de base pastoril. LA Ed. Editorial de la Universidad Católica de Córdoba EDDUC. Argentina.
7. Broom, D.M. 1988. The scientific assessment of animal welfare. Appl. Anim. Behav.Sci. 20: 5-19.
8. Fraser, A., & Broom, D.M. 1990. Farm Animal Behavior and Welfare. Bailliére Tindall. London, 437 pp.
9. Five freedoms, Farm Animal Welfare Council, UK.
10. Declaración Internacional de Bienestar Animal. En http://www.wspa-latinoamerica.org/
11. Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals (RSPCA). En: www.rspca.org.uk/
12. World Society for the Protection of Animals (WSPA). En: www.wspa-international.org

NOTAS

1. Vice-Presidenta de la Red Mundial de Veterinarios Especialistas en Bienestar
Animal.

Maestría en Etología Clínica Veterinaria y Bienestar Animal (UCM).

Posgrado en Neurología Clínica (UCASAL).

Certificada en Comportamiento y Bienestar Animal (The University of Edimburgh).

Asesora y conferencista en Bienestar Animal y Etología para organismos gubernamentales y
privados.

2. NOTA DEL EDITOR: la Ley de Bienestar Animal de Costa Rica, N° 7.451 del 16 de
noviembre de 1994, establece:

Artículo 3.- CONDICIONES BÁSICAS. Las condiciones básicas para el bienestar de los animales son
las siguientes:

 a. Satisfacción del hambre y la sed.

b. Posibilidad de desenvolverse según sus patrones normales de comportamiento.

c. Muerte provocada sin dolor y, de ser posible, bajo supervisión profesional.

d. Ausencia de malestar físico y dolor.

e. Preservación y tratamiento de las enfermedades.

3. NOTA DEL EDITOR: la todavía una PROPUESTA de Declaración de Bienestar Animal, que se encuentra en Naciones Unidas, son cuatro principios:

1. The welfare of animals shall be a common objective for all nations;

2. The standards of animal welfare attained by each nation shall be promoted, recognized and observed by improved measures, nationally and internationally, respecting social and economic considerations and religious and cultural traditions;

3. All appropriate steps shall be taken by nations to prevent cruelty to animals and to reduce their suffering;

4. Appropriate standards on the welfare of animals be further developed and elaborated such as, but not limited to, those governing the use and management of farm animals, companion animals, animals in scientific research, draught animals, wildlife animals and animals in recreation.

a. Satisfacción del hambre y la sed.

b. Posibilidad de desenvolverse según sus patrones normales de comportamiento.

c. Muerte provocada sin dolor y, de ser posible, bajo supervisión profesional.

d. Ausencia de malestar físico y dolor.

e. Preservación y tratamiento de las enfermedades.

 

Entrevista con Yayo Vicente sobre peleas de gallos

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Entrevista a Yayo Vicente:

“El que juega gallos en este país es un delincuente”

 

Rosita Argüello entrevista a YAYO VICENTE, médico veterinario y
experto en el tema de salud animal y bioética.

En las últimas semanas desde que se descubriera una gallera en Desamparados y desfilaran ante las autoridades un grupo significativo de hombres y niños, el si y el no de las galleras abren un debate sobre la atracción de esta actividad, el maltrato a los animales, el riesgo sanitario y el entorno que lo rodea incluyendo las drogas y la prostitución y conociendo desde las aulas escolares que los gallos son animales domésticos, de corral, le solicitamos su ayuda al veterinario doctor Yayo Vicente quien trabaja en el Ministerio de Salud para que ampliara sobre el tema.

Yayo Vicente

CAMBIO POLÍTICO         = CP

YAYO VICENTE                = YV


 CP – ¿Siempre han sido prohibidas las peleas de gallos en Costa Rica?

YV – Se prohibieron desde 1889, y la ley entró en rigor en 1890, y se dio un año de prórroga para que las personas se pusieran a derecho.

YV – Hay diferentes razones, pero sobre todo, con gallos hay que considerar que existe en forma paralela un efecto lúdico, porque se dan las apuestas y con ello la gente pierde su trabajo, sus hogares y ocurre un problema social de gran envergadura por ello, se decidió prohibirlo, más por el efecto de la apuesta que por el de la pelea misma.

CP – ¿Se tomaba en cuenta en esa época el maltrato animal?

YV – No, no se consideraba el maltrato ni a los animales, ni a las mujeres ni a la persona
menor de edad, no habíamos llegado a ese tipo de conceptos que son más
evolucionados.

CP – Hay una leyenda que cuenta que esa prohibición se da porque un presidente había
apostado y perdido el dinero. ¿Cierto?

YV – Eso se da en 1912, los galleros logran aprobar como ley de la república la ley de gallos y es don Ricardo Jiménez Oreamuno (el brujo del Irazú), quien siendo gallero decide vetar la ley, ya que los liberales de ese tiempo querían hacer al ciudadano más europeo y por lo tanto tener otro tipo de actividades, recordemos que se hace el Teatro Nacional, se introduce el fútbol al país y por supuesto se prohíben los gallos. Esa es la razón política por la cual se veta esa ley, hace 100 años.

CP – ¿Se le hace alguna modificación a la ley en esos 100 años?

YV – No, ocurren algunas otras legislaciones que refuerzan la prohibición, por ejemplo la ley de Bienestar Animal de 1994, no hay ningún intento de legalizarlo y las penas quedan obsoletas y entonces se favorece la clandestinidad y cierta tolerancia.

CP – Pareciera entonces que actualmente tiene más peso lo que sucede en el entorno que en sí el maltrato animal.

YV – Se ha desarrollado una creciente sensibilidad hacia los animales no humanos, que no es casualidad, se han venido derogando algunos conceptos, construcciones sociales alrededor de los animales, por ejemplo: Darwin nos dice que no fuimos una creación absolutamente novedosa entre los seres vivos sino que evolucionamos a partir de otras especies y eso nos
hermana con ellas, ha habido también en el movimiento filosófico que pretende considerar la filosofía emocional y por supuesto eso hace posible que los animales entren en una moral ampliada, ha sido posible que ahora que estamos amenazados con el cambio climático, nos sentirnos más identificados con los animales que con las plantas, en fin ha
habido una sensibilidad hacia otros animales no humanos muchísimo más fuerte que en el pasado, pero también tenemos que considerar que eso ha ocurrido cuando hemos visto en forma más integral a nuestro alrededor. También ha ocurrido con temas como mujeres, niños, discapacidad, grupo con menores recursos, etc.

 

CP – ¿Se utiliza el término de animales no humanos porque se incluye a la persona?

YV – La tradición judeo-cristiana nos pone como ejemplo de la creación e incluso la Biblia dice que los animales pasan por el frente de Adán para que les asigne un nombre y el Dios le dice que tiene que “señorear” a estos animales, que son para usarlos, no para protegerlos sino para su servicio. Darwin demuestra que tenemos un otros, tanto así que un chimpancé y un ser humano la diferencia genómica no va más allá del uno por ciento, y aunque algunos nos resintamos de que sea así, la verdad es que son seres vivos merecedores de respeto. Las barreras entre los animales no humanos y los humanos se van venido desvaneciendo a pasos aceleradísimos. En los últimos 50 años, se creía que eran brutos y hoy se sabe que tienen inteligencia, incluso se ha encontrado una inteligencia que nosotros no tenemos como la inteligencia colectiva y lo podemos ver en una colmena, en un hormiguero, o en un cardumen.

CP – ¿Es esa la base de los grupos de defensa de los animales y en contra del maltrato animal?

YV – La emocionalidad si, sin embargo el movimiento pro defensa de los animales nace en Inglaterra, seguramente con un filósofo que impactó mucho que se llamaba Jeremy Bentham, quien en el Congreso Inglés empieza a abogar por el bien de los animales no humanos y ahí se hace la primera agrupación del mundo protectora de los animales. La primera agrupación costarricense protectora de animales, estuvo integrada por banqueros, políticos importantes (no campesinos, porque el campesino tiene un criterio sobre el animal distinto), y fue organizada en 1912.

CP – ¿Cómo empieza en Costa Rica el movimiento contra el maltrato animal?

YV – Bueno, la ley contra los gallos empieza en 1889, por los años 60 se quitó la tracción de sangre (carretones halados por caballos) de las ciudades de Costa Rica, ya no hay carretones jalando carga o coches de pasajeros en San José ni en
otras ciudades costarricenses, como en otras partes de América. Se prohibiron los animales en los circos en este país,
después se prohibió el envenenamiento masivo de perros que era una práctica de control en esas poblaciones, fuimos el
primer país de América con una ley de bienestar animal, en 1994. Se prohíbe la matanza del toro en las corridas con un
criterio difícil de entender, se maltrata el toro, pero no se mata, y solo puede realizarlas las comisiones de festejos populares, es decir no es una actividad de lucro privado. En el año 2006 se crea el Servicio Nacional de Salud Animal (SENASA), que es la primera instancia administrativa encargada de velar porque ese bienestar animal. A esto hay que agregarle que nos empezamos a insertar en el mercado internacional donde el bienestar animal comienza a ser un factor comercial de primer orden. Esos mercados exigen que no se puede matar un animal para abasto si antes no se ha aturdido, como una manifestación de consideración al animal que va a ser sacrificado, eso se lleva a cerdos y luego a aves. Comienza el sistema internacional a exigir que también el transporte tenga algunos parámetros que garanticen ese bienestar animal, a esto le seguirá los parámetros para una buena cría del mismo.

La “Tracción de Sangre”, suele ser abusiva.

CP – ¿Porqué gallos no y boxeo si?

YV – Las competencias son muy difíciles porque tienen arraigo de muchos años, el boxeo es una práctica deportiva vieja, pero ya en algunos países se prohíbe pegar en la cabeza, está prohibido el boxeo en menores de edad, en el boxeo olímpico
se tiene que usar el protector, guantes y número de rounds regulados. Si somos coherentes el boxeo saldría primero de las competencias olímpicas y luego con las demás justas. La segunda protectora de animales surgió en Estados Unidos y esta organización acostumbrada a rescatar perros abusados, rescata a un niño y es demandada porque no tenían derecho de hacer eso por una persona. A partir de ahí nace un movimiento paralelo de protección a las personas menores de edad, pero la precursora es una sociedad protectora de animales.

 CP – ¿Tiene Costa Rica muchas galleras?

YV – No, no hay muchas, aquí no está tan arraigado como en República Dominicana, México, Colombia, o países donde la práctica es legal, y obviamente se mueve mucho dinero, sin embargo se calculan unos 5 mil galleros. Pareciera que los galleros
son todavía una minoría retrógrada, no tiene mucha gente nueva, la gente joven tiende a ser más respetuosa de los animales, hay que poner aquí una diferencia: “la pelea de gallos es una demostración de masculinidad”, casi no vemos mujeres en las peleas de gallos, eso no ocurre con el futbol, las corridas de toros a la tica o con el mismo boxeo, las peleas de gallos son en clandestinidad y al mismo tiempo concurre prostitución, venta de licor, consumo y comercio de drogas, apuestas etc. Y al ser prohibido el que juega gallos en este país es un delincuente, porque está haciendo un acto ilegal.

CP – ¿Cuál es la ocupación del SENASA con las galleras?

YV – Con el SENASA, la búsqueda de las galleras para su eliminación procura además del bienestar del animal, defender el estatus sanitario, el último brote de influencia aviar en República Dominicana costó mucho controlarlo porque se metió en la población de aves de combate, que tienen un rigor sanitario muy alejado de lo conveniente, y eso puso en riesgo la avicultura comercial que como en Costa Rica le da trabajo a unas 30 mil personas, trabajo honesto y estable, así como también el consumo de proteínas animal que tenemos con la carne de ave y los huevos. Como si fuera poco en la influencia aviar existen algunas cepas que se transmite a los humanos, por ello la experiencia en República Dominicana demostró que
podemos con estas prácticas poner en riesgo a las personas.

CP – ¿Futuro para las galleras?

YV – Como todo lo ilícito, no vamos a lograr contrabando cero, evasión fiscal cero, pretendemos llevarlo a un nivel donde no afecte ni la idiosincrasia nacional, ni la salud animal, ni la salud pública, es decirlo llevarlos a un nivel en que no nos
pongan en serio riesgo.


TOMADO DE CAMBIO POLÍTICO:
http://cambiopolitico.com/entrevista-a-yayo-vicente-el-que-juega-gallos-en-este-pais-es-un-delincuente/13218/

Argumentación para justificar las peleas de gallos

 

ARGUMENTACIÓN FALAZ PARA JUSTIFICAR LAS PELEAS DE GALLOS

 

Dr. Federico Chaverri

Médico Veterinario, Magíster en Bioética

 

Dr. Federico Chaverri

El pasado lunes 14 de mayo un grupo denominado Asociación Nacional de Criadores de Gallos publicó un campo pagado con una
serie de argumentaciones falaces, que intentan defender las peleas de gallos como una presunta fiesta criolla justificable desde el punto de vista histórico y cultural. Con mención de figuras de relevancia en la historia nacional y universal, que presuntamente practicaban o promovían peleas de gallos, pretende, mediante falacia de autoridad, legitimar esta práctica en función del prestigio de tales personajes.

 

El razonamiento sería algo así como decir que una persona realizó una acción buena, por lo tanto, las demás acciones de esa persona son también buenas.

Sin embargo, la mención en esa publicación de, por ejemplo, el Imperio Romano, con seguridad no resulta especialmente edificante en materia de derechos humanos y menos animales. Bajo el razonamiento de este grupo de galleros, la práctica del circo romano, por haberse realizado durante siglos ante el pueblo de Roma, sería, como las peleas de gallos, fiesta tradicional que se justificaría mantener hasta hoy, a pesar de implicar una cruel barbarie contra seres humanos y animales. Con esto una nueva falacia, en este caso de apelación a la tradición, que fácilmente puede revertirse en contra de la argumentación de este grupo de galleros.

Otro argumento falaz en la publicación en cuestión, es la generalización. Ante una renovada sensibilidad popular a favor del bienestar animal, que se manifiesta mediante la organización y actividad de grupos de defensa de los animales, marchas y mítines de participación creciente, y además esfuerzos públicos y privados para detener las actividades que impliquen maltrato animal e incluso la intención de legislar contra ello; pareciera aventurado asegurar que las pelas de gallos son una fiesta criolla que “se vive
y ama en todos los pueblos del país
”. 

Corte de cresta


La generalización también se pone de manifiesto cuando se afirma que diversas actividades que implican el uso de animales por parte del ser humano “producen maltrato animal” y se pretende equiparar el trato que debe darse a esas prácticas con el que legalmente se da en Costa Rica a las peleas de gallos, que es su prohibición. Este intento de generalización, ignora las diferencias de manejo que hay por ejemplo entre esas peleas y actividades de producción de animales de abasto o aun entre las peleas de gallos y prácticas populares que no implican la mutilación o muerte de los animales utilizados y que aunque seguramente tienen espacio para mejorar en aspectos de bienestar animal, no constituyen una actividad tan cruel como las peleas de gallos, en los que se incita a dos animales a despedazarse vivos.

Otra falacia evidente es la victimización de la que los practicantes de peleas de gallos pretenden hacerse objeto al afirmar, apelando de nuevo a la tradición, que “no por eso somos delincuentes, ni aceptamos que se nos trate como tales”.

Delincuente, según la definición del diccionario referente de nuestro idioma es el que delinque, el que delinque es el comete un delito y delito se define como el quebrantamiento de la ley. En Costa Rica, desde hace 128 años las peleas de gallos están expresamente prohibidas por ley (Ley N° 47 del 1 de julio de 1889). Quien practica peleas de gallos lo hace en la clandestinidad, pues viola la ley, y merece el calificativo de quien actúa de esa forma, es así de sencillo.


En otro intento de justificación de las peleas de gallos, afirman los promotores de esa actividad, que el gallo de pelea es un “animal de combate por creación misma de Dios”, esto ignora los postulados que hiciera Charles Darwin desde el siglo antepasado y que hoy resultan aceptados en círculos científicos y académicos en occidente, y que son, en términos generales, rechazados solo por algunos grupos religiosos radicales. También descartan todos los factores ambientales, de condicionamiento, que realizan estos
galleros para modular la conducta animal.

 

Pero la publicación del pasado lunes no solo erra por sus argumentos falaces, sino también por los argumentos verdaderos que no considera. Uno de los más importantes es el riesgo sanitario que esta actividad supone.

Según información brindada por el Servicio Nacional de Salud Animal (SENASA), la práctica clandestina de peleas de gallos promueve el tránsito ilegal de animales y hasta de huevos fértiles entre países, el cual, dada la naturaleza delictiva de la actividad, no pasa por ninguno de los controles sanitarios establecidos para prevenir la introducción de enfermedades aviares exóticas al país. Por eso ponen en riesgo la producción avícola costarricense, la cual resulta de importancia económica no solo por la generación de más de 30 mil empleos y muchas divisas, sino porque constituye una importante fuente de proteína animal para la alimentación de la población, contribuyendo así a la seguridad alimentaria del país.

Algunas de estas enfermedades que nos pueden entrar, si fuéramos indiferentes con las peleas de gallos, revisten riesgo zoonótico, es decir, enfermedades que afectan al ser humano, por lo que son al mismo tiempo una amenaza para la salud pública.

La prevención de riesgos sanitarios, como la Influenza aviar y el eventual uso de hormonas, determina que el destino más seguro a los gallos de pelea decomisados en operativos oficiales, sea el sacrificio humanitario. Sin embargo es descrito en el campo
pagado como un “asesinato cruel”, aunque se cumple rigurosamente con los protocolos internacionales de eutanasia de aves y lo realicen las autoridades en el ejercicio de sus competencias.

Otro aspecto desagradablemente sorprendente de esa publicación, es que pocas veces la sociedad costarricense ha presenciado la defensa pública de una actividad ilegal, la cual es además repudiada por amplios grupos de la sociedad que rechazan el maltrato animal, por lo cual es un nefasto precedente bajo el cual podría esperarse una apología de cualquier otro delito al amparo de supuestos argumentos que presuntamente lo justifiquen.

Finalmente, bajo el respaldo de razonamientos tan débiles y cuestionables, e irónicamente cuando en la Asamblea Legislativa se está proponiendo legislación que penalice el maltrato animal, los promotores de las peleas de gallos hablan de impulsar un proyecto
de ley que legalice dicha práctica, lo cual sin duda alguna, vendría a constituir un retroceso legal y moral, que Costa Rica no puede permitirse y que se por lo tanto se esperaría que fracase rotundamente por un rechazo unánime o al menos mayoritario de los diputados.

En última instancia, al cumplirse 105 años del veto impuesto por don Ricardo Jiménez Oreamuno a una iniciativa semejante, es más que posible que lo mismo ocurra en esta ocasión.

TOMADO DE CAMBIO POLÍTICO:

http://cambiopolitico.com/argumentacion-falaz-para-justificar-las-peleas-de-gallos/12574/