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Veterinarios europeos piden evitar el corte de cola de los cerdos.

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Veterinarios europeos piden evitar el corte de cola de los cerdos.

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La Federación Europea de Veterinarios señala que el veterinario tiene la obligación de reducir los problemas de bienestar animal, y este es uno de ellos

[1] Redacción | miércoles, 13 de noviembre de 2019
Reconocen que los cerdos son seres sensibles capaces de sentir dolor y sufrimiento que merecen consideración y respeto.

La Federación Europea de Veterinarios (FVE, por sus siglas en inglés) y la Asociación Europea de Gestión de la Salud Porcina (EAPMH, por sus siglas en inglés) reconocen que los cerdos son seres sensibles capaces de sentir dolor y sufrimiento que merecen consideración y respeto.

Ambas instituciones se han posicionado sobre el corte y mordedura de la cola en los cerdos.

“ La profesión veterinaria cree que deberíamos alejarnos de las mutilaciones como el corte de la cola y, en general, trabajar para mejorar el bienestar de los cerdos en condiciones de cría comercial ”

apunta la FVE en un comunicado. Así, consideran “esencial” que cada granja de cerdos reciba al menos una vez al mes, según el nivel de riesgo, una visita del veterinario. “ Los veterinarios tienen un papel clave que desempeñar para evaluar los riesgos de las mordeduras de cola y asesorar a los ganaderos sobre la creación de un plan de acción eficaz, adaptado a esa granja en particular, con soluciones para evitar la mordedura de cola y eliminar a largo plazo la necesidad de cortar las colas ”, resalta la Federación Europea de Veterinarios. Para acabar con ello, los veterinarios creen que el mercado debe promover la cría de cerdos saludable y dentro de los estándares de bienestar y valorar la producción de cerdos sin cortes de cola. “ Para garantizar la igualdad de condiciones entre la producción de la UE y de terceros países, al detener el corte de cola en la UE, la UE también debe detener la importación de cerdos sin cola o carne de cerdo de países que permiten el corte de cola ”. Además, ponen el ejemplo de varios países europeos  Finlandia, Noruega, Suecia, Suiza) que han demostrado que es posible criar cerdos con sus colas intactas en sistemas comerciales de cría de cerdos.

Desde 1994 está prohibido el corte de cola en los cerdos de la Unión Europea, a pesar de ello “la mayoría de los lechones en este momento en la
UE están sin cola ”.

Rol del veterinario

“ Como profesión veterinaria, con la misión de promover la salud animal, el
bienestar animal y la salud pública, tenemos la responsabilidad y la obligación
de reducir los problemas de bienestar. Alejarse del corte de cola es parte de
ello ” señala la FVE.

En la mayoría de los países, el ganadero decide en última instancia si desea o no implementar prácticas para evitar que los cerdos se muerdan la cola y
si se debe cortar o no. Sin embargo, la FVE indica que los veterinarios tienen un papel importante que desempeñar al identificar los factores de riesgo para los cerdos de morderse la cola y asesorar a los ganaderos sobre los cambios en la cría y el manejo para reducir el riesgo. 

“ La profesión veterinaria también debe participar activamente en el debate público sobre los problemas de bienestar con el acoplamiento y mordedura de la cola y cómo se pueden prevenir. En todos los países que han eliminado el corte de cola rutinario la profesión veterinaria desempeñó un papel clave para que fuera posible ”, resaltan. 

Stefano Mancuso el hombre que habla con las plantas.

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Stefano Mancuso el hombre que habla con las plantas.

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Stefano Mancuso

el hombre que habla con las plantas. [ 1 ]

Por Jorge Carrión [2]
23 de junio de 2019

Junto a los pabellones de Australia, Birmania, Rusia o el Reino Unido, en la Trienal de Milán puedes visitar el de la Nación de las Plantas. A través de
datos estadísticos, instalaciones vegetales y vídeos de experimentos, la muestra nos recuerda que sin el reino botánico no existirían el oxígeno ni la
atmósfera ni los alimentos. De ese reino depende la vida entera del planeta Tierra. El recorrido se abre con una imagen gigante que ilustra nuestra ceguera vegetal: aunque predominen los árboles, los arbustos o las flores en ese rincón de la selva, estamos programados genéticamente para fijarnos sobre todo en ese tigre que nos mira, agazapado, en una esquina.

La sala en que unos espejos multiplican la vegetación, el vídeo que revela
que la actividad química de las raíces es muy similar a la de un cerebro o el dispositivo luminotécnico y musical en que descubrimos cómo se comunican entre ellas todas las partes de una planta comparten el objetivo de hacer visible una dimensión de la realidad a la que nunca le hemos prestado la atención que merece. El proceso de visibilización culmina en los dos últimos espacios, donde escuchamos el discurso de la Nación de las Plantas en la sede de Naciones Unidas de Nueva York y donde leemos su Constitución. La voz y la prosa pertenecen a Stefano Mancuso, director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal de la Universidad de Florencia, autor de varios libros de referencia sobre la sensibilidad y la inteligencia de las plantas y curador de la exposición.

 

Una vista del pabellón de La Nación de las Plantas en la Triennale de Milán
CRÉDITO: Gianluca di Ioia/Triennale de Milán

Si la entrada —con su tigre— se encuentra junto a la fascinante The Great Animal Orchestra, la salida da al resto de los pabellones nacionales, sin
puertas ni barreras, porque como recuerda Carlo Sgarzi —asistente del comisario—, “la nación vegetal no tiene fronteras y cree que todos los
individuos son siempre recursos, no costes ni problemas” . No es extraño que Mancuso haya recurrido a los códigos de la ciencia ficción
para conceptualizar su último proyecto: “Si llegara al planeta Tierra una nave alienígena, su tripulación seguramente se dirigiría a las plantas, vería en ellas a sus interlocutores naturales, pues constituyen el 81,8 por ciento de la vida de nuestro planeta” , afirma el investigador y divulgador. “Y a la inversa: para poder entenderlas, para poder narrarlas, hay que pensar que las plantas son extraterrestres”.

Una vocación tardía

Cabello y barba grises, Mancuso es un hombre de aspecto tranquilo, a quien imaginas fácilmente hablando con las plantas de su laboratorio en esa misma voz baja que templa cada una de sus frases, para enunciar con absoluta normalidad ideas y afirmaciones que atentan contra las definiciones que
circulan sobre qué significa ser humano, contra todo lo que nos han enseñado. “Darwin es uno de mis héroes de la infancia, porque era un viajero, un
explorador, capaz de estar cinco años fuera de casa” , me cuenta el autor de Uomini che amano le piante.

Pero fue en la edad adulta cuando se dio cuenta de la auténtica envergadura del personaje: “Tal vez sea el mayor científico de la historia, hay que pensar que en su época la ciencia —no la religión, la ciencia— creía que los seres vivos eran creación divina, el salto que nos hizo dar no tiene precedentes” . Gracias a esa tradición de sabios que miraron, que prestaron atención, que escucharon a las plantas, Mancuso acabó abducido por su campo de estudio. ¿Cuál es el origen de su interés por el reino vegetal? “Lo he hablado con muchos colegas botánicos: ninguno de nosotros conserva un recuerdo de la niñez en que sintiera un interés genuino por las plantas”, me responde. “Se trata de una pasión muy intelectual, no es intuitiva, por tanto no es propia de la infancia, sino de la edad adulta” . 

The Great Animal Orchestra
CRÉDITO: The Fondation Cartier

El otro día su padre le envió una foto en que aparece de niño mirando con mucho interés una gran hoja y le dijo: ¿ves cómo desde siempre te interesaron las plantas? Pero él le respondió que en realidad no se fijó en ellas hasta que empezó a realizar sus propios experimentos, durante su
doctorado en Pisa a fines de los años ochenta. Fue entonces cuando vivió sus semanas eureka. Construyó un recipiente de cristal para estudiar cómo reaccionan las raíces ante la presencia de un obstáculo. Según el conocimiento de la época, la raíz chocaría contra esa presencia inesperada y después se desplazaría en forma de zigzag sobre su superficie, hasta lograr esquivarla y proseguir su camino. Él vio con sus propios ojos que, en realidad, algunos centímetros antes del contacto, la raíz ya comenzaba a desviarse, para rodear el problema sin llegar a rozarlo. No solo eso: la raíz tomaba su camino por la izquierda o por la derecha según fuera más rápido. Y en el caso de que estuviera descendiendo por el centro exacto, en el 50 por ciento de las ocasiones optaba por un lado, y en el otro 50 por ciento, por el otro. 

“Yo no me esperaba nada de eso, estaba dispuesto a observar lo que se suponía que ocurriría según lo que había leído, y a trabajar a partir de esos datos, pero de pronto me di cuenta de que la planta podía percibir y decidir, que había algún tipo de sensibilidad y de inteligencia en ella” , me dice con un eco de aquella emoción todavía rebotando en sus pupilas. “Sigo trabajando en la dimensión que me abrió aquel primer experimento” .

Hijo de un general y de una maestra, ambos ahora merecidamente jubilados, Mancuso se crio en una caserna militar de Catanzaro, la capital de
Calabria que antaño fue famosa por su industria de la seda. “Se llama Franco” , me dice con una media sonrisa, “ya sé en España un general
que se llame Franco suena fatal” . Su padre era un oficial atípico, que nunca quiso que sus hijos siguieran su carrera: “Mi hermano menor, Gianluca, de
hecho, intentó ingresar en la academia y mi padre llamó por teléfono a un colega para hacer que no lo admitieran” . 

Fue su madre, Rosaria, y su otro hermano, Michele, quienes más influyeron, directamente o indirectamente en el futuro del joven Stefano. Ella, siempre cultivando sus flores, siempre rodeada de plantas, le comunicó su amor por la botánica. Él, dos años mayor que Mancuso, sufre una discapacidad que obligó a sus padres a llevarlo a diversos especialistas de toda Italia: “Fue en aquellas largas esperas médicas cuando me aficioné a la lectura, me acuerdo totalmente de la primera novela que leí entera, una de Emilio Salgari, El tesoro del presidente del Paraguay” , y se ríe. Después llegaron las ficciones de Alexandre Dumas y de Julio Verne y las obras de los clásicos de la literatura, aunque cursó el bachillerato en el Liceo Científico. 

La caserna era —en su recuerdo— un lugar perfecto para el ejercicio de la libertad y para el constante descubrimiento. Un espacio de varias hectáreas, vallado, vigilado, absolutamente seguro, donde “yo podía explorar libremente, pasar horas en soledad, entendiendo cómo funcionaba el mundo” . En cuanto cumplió 15 años también empezó a viajar solo. Un verano recorrió Italia y otro, Francia e Inglaterra. Pero fue en el mar de Calabria, durante las vacaciones escolares, cuando conoció de adolescente a quien sería y sigue siendo sus esposa, Anna Maria. Escogió Florencia para sus estudios superiores en parte por ella, que es del norte de Italia. “Pero entré en Ingeniería Agrícola porque pensaba que tenía más salida profesional que Física o que Biología, no porque ya supiera cuál era mi vocación” , me confiesa. No fue hasta los estudios de posgrado en Pisa cuando llegó el experimento con las raíces, la sorpresa, la lenta iluminación. 

Inteligencia vegetal

¿Sería posible nuestro conocimiento actual del mundo vegetal sin la ayuda de la última tecnología?, le pregunto: “Hay una que ha sido central, porque
hace sesenta años era muy compleja y ningún botánico la utilizaba, y ahora en cambio se puede aplicar con un teléfono móvil: la cámara rápida” . Mediante esa técnica fotográfica se puede observar en pocos minutos cómo una planta se ha movido durante días o meses. Mancuso es un colaborador nato. En la mayoría de sus libros encontramos cuatro manos.

El que lo hizo internacionalmente conocido, Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal, lo escribió con la periodista Alessandra Viola; en Biodiversos dialogó con Carlo Petrini, el líder del movimiento Slow Food (comida lenta); y El increíble viaje de las plantas está ilustrado por Grisha Fischer. “La mayoría de las fotografías de El futuro es vegetal son mías” , apunta, “creo que la imagen tiene una potencia superior para comunicar los mensajes” . La Nazione delle Piante, en cambio, es puro texto, porque se trata de
desarrollar los artículos que conforman la Constitución de esa nación sin Estado ni fronteras. Una vuelta de tuerca a los argumentos de El futuro es
vegetal —el mejor que ha escrito—, en que explicó por qué en el reino vegetal están las claves para corregir los atentados que la humanidad ha
cometido contra el planeta. “La nación de la plantas no reconoce la jerarquía animal, fundada en centros de mando y funciones específicas, y promueve las democracias vegetales difusas y descentralizadas” , leemos en el artículo tercero. Y en el octavo y último: “La Nación de las Plantas reconoce y garantiza la práctica de la ayuda recíproca y el apoyo mutuo entre las comunidades naturales de seres vivos” . 

El estudioso de las plantas se ha convertido en su portavoz, en su abogado, para revitalizar el género de la utopía. Su exposición en la Trienal de Milán, de hecho, contrasta con la muestra central, Broken Nature, comisariada por la prestigiosa curadora Paola Antonelli, que explora a través del arte y del diseño cómo el ser humano ha roto sistemáticamente sus vínculos con el planeta. En ella predomina la distopía. Se trata de la segunda incursión de peso de Mancuso en el ámbito museístico. El verano pasado sorprendió con El Experimento de Florencia, un proyecto con el artista Carsten Höller: los visitantes se tiraban por un tobogán alucinante con una planta en el regazo y después podían comparar, gracias a los sensores, cómo habían reaccionado ambos cuerpos durante la caída. La estructura era, por supuesto, de inspiración vegetal.

También hay una sintonía radical entre la forma y el contenido en las canciones de Botanica, el disco y espectáculo que Mancuso concibió con
Deproducers y que ha recorrido los escenarios de toda Italia. Así, el tema en que se habla de la fotosíntesis reproduce en su partitura los ritmos
de ese proceso; o cuando se refiere a la dendrocronología simula musicalmente los aros concéntricos que crecen en el interior de los árboles.

Mancuso no cesa de ensayar maneras de narrar esos otros seres vivos, que —de tan presentes— no hemos visto durante millones de años. Las plantas son tan raras, según nuestros parámetros antropocéntricos, que están diseñadas para ser comidas por los animales. Así logran que estos las protejan, las cultiven, las alimenten, las hagan viajar. Sus estrategias de supervivencia y de adaptación han sido, desde siempre, totalmente distintas de las animales, porque las plantas apostaron por las raíces, por el sedentarismo. Su necesaria relación con las especies motrices siempre se basó en la seducción. Las plantas nos seducen sobre todo por su fruto, a través de él se aseguran de que las cuidaremos y las difundiremos. Como dice Mancuso: “ El tabaco invierte un 30 por ciento de su energía, más o menos lo que un ser humano invierte en su vivienda, en producir nicotina, con el único objetivo de generar dependencia en los animales que lo consuman ”. 

El error es pensarlas “como animales minusválidos, a quienes les falta algo, movimiento, cerebro, mirada” . Y concluye: “Hay que acercarse a ellas al
revés, sin el prejuicio animal: son una forma increíble de inteligencia, como de otro planeta”…

i

Notas

[1] TOMADO DE:
https://www.nytimes.com/es/2019/06/23/stefano-mancuso-reino-vegetal/?te= 1&nl=boletin&emc=edit_bn_20190624?ca
mpaign_id=42&instance_id=10426&segment_id=14590&user_id=ceac5ba691b7e20babf888509fc48a5c&regi_id=7492
686620190624
[2] Jorge Carrión Gálvez1 (Tarragona, 1976) es un escritor y crítico literario español. Nació en Tarragona, pero ha pasado

 

 

Perros en las culturas antiguas – Dogs in ancient cultures

As a dog lover, this quote must
bring a smile to your face and a
little sunshine to your day. This
sentiment of dogs being our
constant companions dates back
to the time when our ancestors
were hunters and gatherers. In
fact, the dog is the first animal to
be domesticated by man!
Alimentando colibríes
con la mano: usted
puede hacerlo, pero ...
¿se debería? [1], [2]
En Internet abundan los vídeos
de gente que usa distintos
artilugios para alimentar con la
mano a los colibríes. Esto es lo
que necesita saber para hacerlo.
The paw-prints of dogs can be
seen throughout history and
through every single continent.
They have witnessed our
transformation from hunting tribes
to civilizations.

They have played the roles of
guardians, hunting assistants,
shepherds and companions. They
have loved us and served us
loyally.

Let’s take a look at some of the
world’s ancient cultures and their
association with dogs.

Las huellas de perros se pueden
rastrear a lo largo de la historia y
en todos los continentes. Han sido
testigos de nuestra transformación
dede tribus de cazadores hasta
las civilizaciones actuales.
Se han desempeñado como
guardianes, ayudantes de caza,
pastores y compañeros. Nos han
amado y nos han servido con
lealtad.
Demos un vistazo a algunas de
las culturas antiguas del mundo y
su asociación con los perros.
Our country has a rich culture and
an even richer mythological
legacy. Dogs can be found even in
our mythological tales.

Lord Indra had a dog named
Sarama, who was sent to Patala
Loka (the underworld) to retrieve
his cows. This Sarama is called
the “devashuni” in the Rig Veda.
As per this reference, she is the
mother of all dogs. Her children
were called Sarameyas and also
served the Gods. Shyama and
Shabala, her two sons, guard the
road that leads to the afterlife, and
are loyal to Lord Yama.

Lord Shiva, in his avatar as
Bhairava, has only one companion
and that is a dog. Lord Khandoba
another avatar of Lord Shiva is
always accompanied by a bull and
a dog. The holy trinity of
Brahma-Vishnu-Mahesh
represented in the avatar of Lord
Gurudev Dutt is shown with four
dogs which symbolize the four
Vedas. Even the epics of
Ramayana and Mahabharata have
dogs as significant characters in
them.

Nuestro país tiene una cultura rica
y un legado mitológico aún más
rico. Los perros se pueden
encontrar incluso en nuestros
cuentos mitológicos.

Lord Indra tenía un perro llamado
Sarama, que fue enviado a Patala
Loka (el inframundo) para
recuperar sus vacas. Sarama se
llama el “devashuni” en el Rig
Veda. Según esta referencia, ella
es la madre de todos los perros.
Sus hijos se llamaban Sarameyas
y también servían a los dioses.
Shyama y Shabala, sus dos hijos,
custodian el camino que conduce
a la otra vida y son leales al Señor
Yama.

Lord Shiva, en su avatar como
Bhairava, tiene un solo compañero
y ese es un perro. Lord Khandoba,
otro avatar de Lord Shiva, siempre
está acompañado por un toro y un
perro. La santa trinidad de
Brahma-Vishnu-Mahesh
representada en el avatar del
Señor Gurudev Dutt se muestra
con cuatro perros que simbolizan
los cuatro Vedas. Incluso las
epopeyas de Ramayana y
Mahabharata tienen perros como
personajes significativos en ellos.

If we look at ancient India from a
purely historical perspective, then
we can uncover another aspect of
the dog-human relationship. The
prehistoric Bhimbetka caves
(Madhya Pradesh) famous for their
rock paintings feature 41 dog
drawings in 8 colours.

Similarly, dog remains have been
found at the Harappa and
Mohenjodaro excavation sites.
This goes on to indicate the
ancient Indians shared a close-knit
relationship with dogs.

The Caravan hound, Rajapalyam
hound, Rampur greyhound,
Banjara hound, Santal hound,
Bully kutta and the Himalayan
sheepdog are some of India’s
native dogs.

Si miramos a la antigua India
desde una perspectiva puramente
histórica, entonces podemos
descubrir otro aspecto de la
relación perro-humano. Las
cuevas prehistóricas de
Bhimbetka (Madhya Pradesh),
famosas por sus pinturas
rupestres, presentan 41 dibujos de
perros en 8 colores.

Del mismo modo, se han
encontrado restos de perros en
los sitios de excavación de
Harappa y Mohenjodaro. Esto
muestra que los antiguos indios
compartían una relación muy
unida con los perros.

El perro de la caravana, el perro
de Rajapalyam, el galgo de
Rampur, el perro de Banjara, el
perro de Santal, el Bully kutta y el
perro pastor del Himalaya son
algunos de los perros originarios
de la India.

Ancient Rome was a time of
gladiators and self-indulgent kings,
who were bleeding the coffers of
the Roman Empire with their
whims and fancies. In Ancient
Rome, dogs were bred for hunting
and guarding purposes.

If these dogs become companions
to their masters, then that was just
a by-product and not the main aim
of Roman society.

Historians have uncovered mosaic
panels in Pompeii, with a chained
dog, who seems to be barking at a
passerby. The text on the panel
reads “Cave Canem” (Beware of
the dog). Many such panels were
found, thus establishing that dogs
were commonplace in Roman
households.

Historians have also found
tombstones of dogs in ancient
Rome, with loving epitaphs and
descriptions.

La antigua Roma fue una época
de gladiadores y reyes
auto-indulgentes, que estaban
desangrando los cofres del
Imperio Romano con sus
caprichos y fantasías. En la
antigua Roma, los perros fueron
criados con fines de caza y
custodia.

Cuando estos perros se
convertían en compañeros de sus
amos, era apenas un subproducto
y no el objetivo principal de los
perros en la sociedad romana.

Los historiadores han descubierto
mosaicos en Pompeya, con un
perro encadenado, que parece
estar ladrando a un transeúnte. El
texto en el panel dice “Cueva
Canem” (Cuidado con el perro).
Se encontraron muchos de estos
mosaicos, demostrando que los
perros eran comunes en los
hogares romanos.

Los historiadores también han
encontrado lápidas de perros en la
antigua Roma, con epitafios y
descripciones amorosas.

The Molossian hounds were battle
trained and fought in wars for the
Roman kings. Their fierce loyalty
and sharp instincts were
considered as an advantage for
the soldiers. The Irish wolfhounds
are also said to be descended
from Roman dog ancestry.

Los perros de Molossia fueron
entrenados para la batalla y
lucharon en guerras por los reyes
romanos. Su feroz lealtad y sus
agudos instintos fueron
considerados como una ventaja
para los soldados. Los perros lobo
irlandeses también se dice que
descienden de los perros
romanos.

When we speak of Egypt, our
mind immediately drifts towards a
plethora of Gods, “Mummies” and
the Pharaohs. Where does our
beloved dog fit into all this? Well,
the answer is quite simple –
everywhere.

Dogs in ancient Egypt performed a
range of vocations for their human
companions. They were kept for
hunting, guarding, police work and
pets. They can be seen in
Egyptian mythology as well as
history.

Egyptian mythology names Lord
Anubis, as the God who guides
the souls of the dead to judgment
in the afterlife. Lord Anubis, is a
dog-jackal God whose image
matches with the Basenji dog
breed.

In the town of Hardai, the
Egyptians had built a temple for
Lord Anubis. This temple was a
centre, where dogs roamed freely,
were fed and even sacrificed to
please Lord Anubis.

Cuando hablamos de Egipto,
nuestra mente se desvía de
inmediato hacia una gran cantidad
de dioses, “momias” y los
faraones. ¿Dónde encaja nuestro
amado perro en todo esto? Bueno,
la respuesta es bastante simple,
en todas partes.

Los perros en el antiguo Egipto
realizaron una variedad de tareas
para sus compañeros humanos.
Fueron utilizados para la caza, la
vigilancia, el trabajo policial y
como mascotas. Se pueden ver
tanto en la mitología egipcia como
en la historia.

La mitología egipcia nombra a
Lord Anubis, como el Dios que
guía a las almas de los muertos
para juzgar la vida después de la
muerte. Lord Anubis, es un Dios
perro-chacal cuya imagen coincide
con la raza de perro Basenji.

En la ciudad de Hardai, los
egipcios habían construido un
templo para el Señor Anubis. Este
templo era un centro, donde los
perros vagaban libremente, se
alimentaban e incluso se
sacrificaban para complacer al
Señor Anubis.

Porque leíste ésta nota, te recomendamos:
https://www.animalista.cr/el-filosofo-ante-el-animal/

[1] TOMADO DE: https://prazuchi.com/dogs-in-ancient-cultures/

[2] Apoorva Kulkarni: Masters in Journalism and Mass Communication, Apoorva is curious and creative by nature and a constant learner. She is a passionate writer, who is responsible for the interviews and multimedia content of HRT. She is an avid reader, a movie buff, and a dog lover. On the weekends, you will find her curled up at home, with her dog, a book and a steaming hot cup of coffee. 
For all editorial queries on the HRTalk Interview series, please email <apoorva.kulkarni@hrtechnologist.com>

Historia de Balto, el perro lobo que se convirtió en héroe

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Historia de Balto, el perro lobo que se convirtió en héroe

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Por Mercè Garcia
13 abril 2017
[1], [2]

La historia de Balto es uno de los sucesos reales más cautivadores de Estados Unidos y prueba cómo los perros son capaces de llevar a cabo increíbles hazañas. Fue tal la repercusión mediática de la aventura que protagonizó Balto, que en 1995 se estrenó una película que narraba su historia, llamada “Balto: la leyenda del perro esquimal”. 

A continuación, en ExpertoAnimal os explicaremos cuál es la verdadera historia de Balto, el perro lobo que se convirtió en un héroe. ¡No puedes perderte la historia completa!

El perro esquimal de Nome

Balto era un mestizo de husky siberiano que nació en Nome, un pequeño pueblo de Alaska en 1923. Esta raza, aunque era originaria de Rusia, fue llevada a territorio estadounidense en 1905 para trabajar principalmente en el mushing (perros que tiran de los trineos), ya que eran más resistentes y ligeros que los malamute de Alaska, los perros originarios de la zona.

En esa época era muy popular la carrera All-Alaska Sweepstakes, que se llevaba a cabo desde Nome hasta Candle y que comprendía 657 kilómetros,
sin incluir la vuelta. Por aquél entonces, el futuro propietario de Balto, Leonhard Seppala era un experimentado adiestrador de mushing y participaba en diversas competiciones y carreras. En 1925, cuando las temperaturas rondaban los -30, el pueblo de Nome se vio afectado por la difteria, una enfermedad bacteriana grave y que puede llegar a ser mortal que suele darse principalmente en niños pequeños. En el pueblo no se disponía de la vacuna antidiftérica, por lo que se utilizó el telegrama para descubrir dónde podían encontrar más inyecciones. Las más cercanas se encontraban en la ciudad de Anchorage, a 865,17 kilómetros de distancia y desafortunadamente no era posible utilizar pasos aéreos y marítimos, pues una tormenta invernal impedía el uso de las rutas.

La historia de Balto

Al no tener la posibilidad de recibir las vacunas necesarias, alrededor de 20 habitantes del pueblo de Nome se comprometieron a realizar un peligroso
trayecto, en el que se utilizaría a más de 100 perros de trineo para ir a buscar las inyecciones. Fue posible trasladar el material de Anchorage hasta
Nenana, una ciudad que se encontraba algo más cerca de Nome, a 778.74 kilómetros de distancia.

Lo 20 guías diseñaron un sistema de relevos que hiciera posible el traslado de las vacunas. Uno de los más destacados fue Gunner Kaassen, guía del
escuadrón B, en el que se encontraba Balto, el perro lobo. Durante la improvisada carrera todos los implicados soportaron temperaturas de alrededor de -40, fuertes vientos, pasos helados y zonas montañosas realmente complicadas. De hecho, muchos humanos y perros fallecieron en su intento por salvar la población infantil de Nome.

Existen varias teorías sobre lo que ocurrió con el último grupo de perros, guiados por Gunner: algunas sugieren que fue Balto quién lideró a los perros
durante todo el camino (aunque no era un perro guía), otras que el perro guía no lograba orientarse y en las últimas se sugiere que el guía se rompió una pata. Lo que sí es cierto es que Balto fue quién tomó el mando de la carrera, a pesar de que muchos tenían poca fe en él.

En apenas cinco días y medio, el escuadrón B llegó por fin a Nome con la vacuna antidiftérica en su poder. Quizás fue por su hibridación, o bien porque no se esperaba que un perro que nunca antes había sido guía pudiera liderar al resto de perros, pero lo cierto es que Balto fue capaz de encontrar el camino y en mucho menos tiempo del esperado.

Últimos días de Balto.

Hace falta destacar, como curiosidad, que realmente Balto no fue el nombre original de este perro, sino Togo. Se le atribuyó este nombre en memoria del explorador noruego Samuel Balto, popular en Nome durante la fiebre del oro. 

Tristemente, Balto fue vendido junto a otros perros al zoológico de Cleveland (Ohio), donde vivió hasta cumplir 14 años, murió el 14 de marzo de 1933. Después fue embalsamado y actualmente podemos encontrarlo en el Museo de Historia Natural de Cleveland. 

A partir de entonces, cada mes de Marzo se celebra la carrera de perros polares de Iditarod, que recorre el trayecto de Anchorage a Nome, en memoria de la historia de Balto, el perro lobo que se convirtió en un héroe, así como la de todos los que participaron en esa peligrosa carrera. 

La estatua de Balto en Central Park.

La repercusión mediática de la historia de Balto fue tal, que se erigió una estatua en Central Park, Nueva York, por FG Roth, dedica exclusivamente a este héroe de cuatro patas, que se considera salvó la vida de muchos niños de Nome. En ella puede leerse:

“Dedicado al espíritu indómito de estos perros polares que traspasaron en relevos la antitoxina a lo largo de casi mil kilómetros de ásperos hielos, aguas traicioneras, tormentas de nieve árticas en Nenana, para llevar alivio al desolado pueblo Nome durante el invierno de 1925”

Resistencia-Fidelidad-Inteligencia

i

Notas

[1]

TOMADO DE: https://www.expertoanimal.com/historia-de-balto-el-perro-lobo-que-se-convirtio-en-un-heroe-22754.html

[2]

Editora de ExpertoAnimal
Técnica en Comercio Internacional y Márketing, especializada en SEO Content y RRSS. Trabaja como editora y redactora del proyecto ExpertoAnimal desde sus inicios en el año 2015, lo que la llevó a estudiar adiestramiento de base y modificación de conducta en Single Track. Actualmente tiene la licencia de adiestradora canina profesional de nivel 2 de la ANACPP.

 

 

Duelo

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Duelo

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[1]

 

Cualquiera que haya tenido un perro sabe que es mucho más que una mascota, es parte de la familia. Y esa es precisamente la razón por la que es tan difícil afrontar su muerte. Ya sea que hayan vivido una vida larga y saludable o que nos hayan dejado demasiado pronto, el dolor de la pérdida de un perro es algo que es casi insoportable.

Pero hay personas por ahí que no lo entienden y nos dicen que “lo superemos” porque “es solo un perro” . Es verdad que no hay mucho que decir para que esa pérdida sea menos dolorosa, pero al menos ahora sabemos que hay investigaciones que respaldan el hecho de que el proceso de duelo por un perro es real. 

Y no solo eso, sino que en realidad se ha encontrado que puede ser más difícil superar la muerte de una mascota que superar la pérdida de otro humano. Claro que todo depende de la cercanía. La cuestión es que nos vinculamos con nuestras mascotas de la misma manera que nos vinculamos con otras personas. 

Las mismas hormonas y sustancias químicas se liberan en nuestros cerebros que nos hacen sentir amados y conectados, y después de pasar años juntos, no son diferentes al resto de la familia. Pero, ¿por qué haría eso más difícil de superar? No hay una manera “aceptable” de llorar la pérdida de una mascota. Si uno de los miembros de su familia humana fallece, hay innumerables recursos a los que puede recurrir para controlar el dolor. Estamos rodeados de amor y apoyo de amigos y familiares que intentan ayudar para hacernos sentir mejor.

Sin embargo, cuando una mascota muere, se espera que continuemos con nuestras vidas como si nada hubiera pasado.Tenemos que volver al trabajo,
mantenernos al día con nuestros compromisos sociales y continuar con el resto sin ningún tipo de comprensión por parte de la mayoría de las personas.

Sin recursos adicionales para ayudar a lidiar con el dolor, nos reprimimos todas estas emociones y las dejamos sin resolver. De acuerdo con la psicóloga Julie Axelrod, parte del duelo tiene que ver con la pérdida de un amor incondicional, la alteración de una rutina y de un compañero.

“Esta pérdida conduce a una gran interrupción en la
rutina diaria de alguien, a veces más que la pérdida de
seres queridos humanos reales. Tienes que programar
tu día alrededor de tu perro y, de repente, perder todo
ese orden puede hacer que una persona se sienta
completamente perdida” , detalló la especialista a
Shared.

La culpa también suele ser un factor que lo empeora todo. A menudo nos vemos obligados a tomar una decisión difícil para terminar con el sufrimiento de los perritos. Si bien es la opción humana, no hace que sea más fácil decir adiós.

La recomendación es que, si estás viviendo el duelo de una mascota, debes saber que es razonable tu tristeza y, si lo consideras necesario, acudir a terapia te vendrá bien.

Los demás debemos ser más comprensivos y darle la importancia que se merece la tristeza de alguien que acaba de perder a su perrito.

Mis relaciones con los perros de mi novia

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Mis relaciones con los perros de mi novia

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Por Ryan Pfeffer [1][2]
14 de diciembre de 2018

Las mujeres con las cuales he tenido sexo este año tienen dos cosas en común: perros y departamentos tipo estudio. Nunca antes había pensado en la posible incomodidad que resultaría de esa combinación; cuando lo hice era demasiado tarde. Josie fue la primera: una mezcla de chihuahua con pomeranio que era un desastre a nivel emocional. Le reconozco que se quedaba sola por mucho tiempo y pues un ser así de pequeño seguramente desarrollará manías.

Cuando su dueña por fin regresaba a casa, Josie se la pasaba ladrando hasta que alguien le hiciera arrumacos. Era como un reloj despertador con pelaje: la alarma guau guau guau dejaba de sonar en cuanto te girabas en la cama y le ponías una mano en el lomo. Eso era todo: una mano. Ni siquiera había que hacerle arrumacos, el contacto era suficiente. No odiaba a Josie. No tenía una actitud malvada o de esnob como la que muestran algunos perros de raza pequeña a veces. El problema era su lucha constante para conseguir atención, porque era una lucha en la que no nos iba bien a ninguno de los dos. La química entre su dueña y yo no era tanto de fuegos artificiales, sino como un encendedor algo viejo que funciona al sexto intento.

Claro que eso no nos desalentó de establecer un acuerdo, como buenos solteros perezosos, para turnarnos en ir al departamento del otro varias noches por semana. La primera vez que nos acostamos todo salió bien, con una excepción: Josie no dejaba de ladrar. Así que su dueña bajó la mano de la cama para agarrarla y la subió a la cama con nosotros, pero eso solo aumentó el nivel de incomodidad en cuanto Josie entendió qué era lo que estaba sucediendo ahí. Para cuando estábamos por terminar Josie se había acallado; se asomaba desde una almohada cada tanto tiempo para ver si todo había concluido. 

Esa primera vez, honestamente, apenas si la noté. Mi atención estaba enfocada en otras cosas y que estuviera en la cama me pareció preferible a tener como banda sonora de las actividades sexuales sus ladridos chillones. Pero para la segunda, tercera y octava vez, era mucho más difícil ignorar a Josie. Me imaginé cómo lo estaba viviendo ella, sobre todo en esos terribles momentos en los que ella y yo hacíamos contacto visual. Cada vez que conozco a alguna mujer no puedo evitar preguntarme qué criatura estará allí si vamos a su departamento. Quizá no me hubiera importado tanto si ella tan solo hubiese estado en la misma habitación, pero ¿la misma cama?

Era demasiada cercanía. Además, Josie era demasiado pequeña como para bajarse sola del colchón; era casi como si fuera un rehén. Una noche, cuando la dueña de Josie y yo estábamos cambiando de posición, sin querer le pegué una patada y se cayó de la cama; en cuanto me di vuelta horrorizado ya solo pude ver una pequeña nariz y dos patitas cayendo. Estaba mortificado. Su dueña solo se asomó y se encogió de hombros. 

“Todo bien” , dijo. “Tiene mucho pelo de colchón” .

Podría haberle sugerido a la dueña de Josie que la bajáramos cuidadosamente de la cama o por lo menos que le vendáramos los ojos, pero tampoco quería entrometerme en el vínculo tan íntimo entre una mascota y su humano (esa relación, al fin y al cabo, era más estrecha que la mía con ese humano). Además, supuse que ella conocía a Josie mejor que yo… 

¿quizá esa mirada de desamparo era normal?

Después de dos meses, lo que había entre Josie y yo se diluyó. Terminó del mismo modo que parece terminar casi cualquier relación en esta era: con un mensaje de texto que nunca fue respondido. Josie no era la única en esa habitación que tenía problemas para comunicarse. Los siguientes meses fueron de volver a ajustarme a estar solo. Tener un revolcón de manera tan constante como era posible tenerlo con Josie era algo poco frecuente en mi vida; perderlo fue como si el restaurante de la esquina cerrara.

Ahora, en las noches silenciosas en las que mi refrigerador de encuentros sexuales estaba vacío, tenía que encontrar dónde comer o dormirme con hambre… casi siempre pasaba lo último. Me sentí aliviado cuando conocí a alguien meses después, y todavía más aliviado cuando conocí a su perro, Rigatoni. Al igual que Josie, era parcialmente chihuahua, pero no tenía sus complejos emocionales. Era muy bueno, sí, y lo sabía. Se movía con cierta pomposidad. Si yo tuviera una octava parte de la confianza de Rigatoni seguramente me votarían para ser presidente mañana. Su dueña y yo nos conocimos por medio de una aplicación de citas.

De hecho, así también conoció ella a Rigatoni, con una aplicación para adopción de mascotas donde deslizabas el dedo a un lado u otro según si te gustaba el animal. En otro contexto me habría parecido muy extraño que me eligieran virtualmente para una cita tal como eligió a su mascota, pero obviamente ella tenía muy buen gusto (en perros) y me sentía halagado de estar en la misma categoría. Esperaba que lo que la llevó a deslizar el dedo hacia el “sí” para Rigatoni estuviera presente en mi perfil virtual. Rigatoni fue nuestro chaperón para cada salida y la verdad no me importaba. Nos acompañó en la primera cita, una ida a la playa en la que se quedó a vigilar las toallas mientras nadábamos. Después se acurrucó junto a mi pecho, estaba arenoso y caluroso, y me emocionó que me aprobara. 

Más tarde terminamos en su hogar (miniatura). Nos habíamos besado apenas unos segundos cuando ella se echó para atrás y gritó:

“¡Eres súper raro!” . 

Estaba aterrorizado, pero me di cuenta de que no estaba hablando conmigo sino con Rigatoni, que ahora estaba a mi lado con una mirada amenazante. 

Fue igual en las siguientes citas. Nos empezábamos a besar y escuchaba el “¡Toni!” ; volteaba y ahí estaba el perro con una expresión que sugería que quería golpearme con mucha fuerza. No quería entrometerme en el vínculo tan íntimo entre una mascota y su humano (esa relación, al fin y al cabo, era más estrecha que la mía con ese humano). No había dónde esconderse; el departamento era demasiado pequeño. Nunca hubiera sugerido que lo encerráramos en el baño, seguramente ella preferiría encerrarme a mí antes que a él.

Y lo comprendo, era un perro especial. Cuando pasamos del sillón a la cama me decepcionó ver que él podía saltar al colchón por sí solo. Rigatoni era muy ágil y, a diferencia de Josie, no le importaba intervenir. Nunca mordía, pero me intentaba agarrar con sus pequeñas patas como para alejarme de su amada humana. “¡Estás incomodando a todos!”, le gritaba ella cuando él me tenía agarrado del tobillo, cual luchador grecorromano. El conflicto entre obedecer y proteger se veía en su cara. A veces pensábamos que lo habíamos distraído con un juguete, pero aún así saltaba a la cama como si fuera agente del servicio secreto y se interponía entre ella y yo. 

Al final descubrimos cómo comprar tiempo con Rigatoni: si le dábamos un hueso con sabor a carne conseguíamos unos veinte minutos de privacidad.
Después volvía a saltar a la cama y nos lanzaba miradas reprobadoras hasta que se adormilaba. Rigatoni no era muy afrodisíaco, aunque sus intenciones eran nobles. Si alguien me iba a detener cuando había sexo consensuado de por medio, agradecía que fuera por razones nobles. Ya conocía una alternativa peor: cuando mi exnovia y yo visitábamos mi hogar de la infancia, el perro familiar se metía al baño y con un olfato inmaculado sacaba los condones usados del basurero para después depositarlos en el lugar más visible de toda la casa. Nunca se me han hecho fáciles el cortejo ni el coqueteo.

Me parece un proceso con demasiados riesgos y emocionalmente agotador. Y ahora hasta la fauna parecía querer que me mantuviera célibe. Últimamente mi vida sexual es como un escenario de Blancanieves al revés: tengo miedo de que si bajo el cierre de mis pantalones llegarán todas las criaturas del bosque por la ventana, armadas con las peores fotos de cuando estaba en el bachillerato. 

Así que cada vez que conozco a alguna mujer no puedo evitar preguntarme qué criatura estará allí si vamos a su departamento, a la espera de hacer el encuentro mucho más incómodo de lo que ya se siente. He estado pensando mucho sobre una cita que tuve con una mujer a quien conocí después de Josie y antes que a Rigatoni.

Estuvimos hablando durante horas, nos movimos de bar en bar y vimos el atardecer mientras disfrutábamos cocteles mula de Moscú. Reímos mucho y ella se rio con resoplidos. Realmente me concentré en escuchar todo lo que ella decía en vez de preocuparme sobre qué iba a decir yo después o qué tema iba a mencionar para que pudiéramos seguir conversando. La rueda de hámster que siempre corre en mi mente se detuvo; cuando eso sucede es muy emocionante porque indica que hay perspectivas de algo más serio. 

Pero ella salió de la ciudad por unas semanas. Cuando regresó intenté pactar otra cita, pero esta vez había algo distinto. O ese algo nunca existió. Como sea, dejó en visto mi último mensaje de texto y no contestó. Fue doloroso. Ella también tenía un perro, Bubba. En sus fotos él lucía como un tanque: sus hombros eran de jugador de futbol americano y su mandíbula parecía una trampa para osos. Bubba vivía en una casa, no en un departamento tipo estudio, pero dudo que eso hubiera hecho la diferencia. Tenía la pinta de que podía romper un muro de ladrillo. Entonces tal vez fue una suerte que no sucediera nada con la humana de Bubba. Después de todo, ella tenía el poder de lastimarme y lo hizo. No quiero imaginarme qué podría haber hecho él.