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Se quieren más

13 - Feb - 2019

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Me he encontrado un estudio realizado por un equipo de sociólogos y antropólogos de la Universidad Northeastern y la Universidad de Colorado que me ha llamado la atención. Este estudio quería revelar la especial relación que muchos humanos tenemos con los perros, ahondando así en el vínculo que se crea tan fuerte entre dos especies aparentemente tan diferentes.

Para ello, escogieron a 256 estudiantes y los sometieron a una serie de pruebas en las que éstos debían elegir a quien salvar en varias historias ficticias de trasfondo dramático. En ellas, se pedía a los estudiantes entre un perro y varios humanos a quién salvar, quién les daba más lástima o por quién había sentido más sufrimiento. Para sorpresa, la mayor parte de los estudiantes se inclinaban por el perro. Si además, el perro era cachorro, el porcentaje era mucho más elevado.

 

Algo más arriba he comentado la frase “para sorpresa” , sin embargo, soy de las que si hubiera participado en ese estudio también me hubiera inclinado por el perro.

Lo tengo clarísimo: si cuando veo una película me emociona más el sufrimiento del perro que el de una persona… O cuando el telediario emite ciertas imágenes de algún perro, tengo que cambiar de canal…

Pero, ¿por qué nos pasa esto? Y digo nos pasa a los que tenemos perro, porque sé de buena tinta que los que no tienen perro, no me entienden cuando me emociono por algún perro (o animal). Supongo que la responsable es la empatía. Los que tenemos perros nos es más fácil empatizar con los perros que con ciertas personas.

Seguramente sea porque por mi vida han pasado hasta 8 perros y jamás ninguno me ha decepcionado. Ni me ha engañado. Ni me ha hecho daño ni física ni emocionalmente. No puedo decir lo mismo de las personas.

Los perros nos aman sin condiciones. Nos cuidan. Nos acompañan. Nos hacen la vida más fácil. Y lo más importante: no tienen maldad. Ellos no saben lo que significa “tener malas intenciones” , ni hacer cosas “premeditamente” o “con alevosía” . Quizás por eso, por su inocencia, por su pureza y por su vulnerabilidad nos hacen tan fácil el quererlos intensamente y que se forme un vínculo tan fuerte como para integrarlos como un miembro más de la familia.

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