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¿Se deben de prohíbir los zoológicos?

 

 

¿Se deberían prohibir los zoológicos en el mundo?

 

El sacrificio de la jirafa Marius en el zoológico de Copenhague por razones genéticas encendió de nuevo el debate sobre la conveniencia y la utilidad de este tipo de lugares en el mundo.

En la página de BBC Mundo en Facebook varios de nuestros lectores reaccionaron, algunos con dureza, acerca de este tema.

La jirafa Marius terminó convertida en alimento para algunos animales carnívoros del zoológico.

“La polémica debería tener en cuenta al menos tres aspectos: ¿son
necesarios los zoológicos en su configuración actual?, ¿si los animales
se crían en cautiverio no deberían tener derecho a vivir, o tan poco valoran
la vida estas personas? y ¿es la sociedad quien debería decidir sobre la
vida de los animales capturados o los burócratas?”
, cuestionó Juan Francisco Domínguez en la red social.

 

En ese cruce de ideas, Manuel Carlos Casado Rubio se hizo la misma pregunta:

“¿Por qué la gente sigue visitando estas cárceles para animales llamadas zoológicos?”

 

A lo que John Deckard respondió:

“Porque a veces los zoológicos son mejores lugares
que tener a los animales expuestos ante cazadores
furtivos que no miden las consecuencias de reducir
drásticamente sus poblaciones. Esos animales son
considerados “exóticos” y son altamente lucrativos
debido a las prohibiciones”.

 

En BBC Mundo consultamos a dos expertos en el tema para conocer los pros y los contras del principal interrogante: ¿es necesario que existan los zoológicos en la actualidad?

 

Centros de Conservación


El caso de Arturo, el oso polar del zoológico de Mendoza, Argentina, también generó un debate sobre la necesidad de tener estas especies en cautiverio.

El caso de Arturo, el oso polar del zoológico de Mendoza, Argentina, también generó un debate sobre la necesidad de tener estas especies en cautiverio.

Aunque las colecciones de animales datan de milenios, cuando emperadores y reyes los tenían para su propio entretenimiento, fue en Viena, Austria, cuando se inauguró el primer zoológico en 1752. Desde entonces se ha convertido en un lugar habitual en las grandes urbes.

“La razón original de los
jardines zoológicos se
mantiene hoy día: que las
personas puedan apreciar
animales que que no pueden
ver todos los días”
, le dijo a la
BBC David Williams Mitchell,
vocero de la Asociación de
Zoológicos y Acuarios de Europa
(EAZA, por su siglas en ingles).

 

Sin embargo, para Williams la principal razón para la existencia de los zoológicos es que son lugares para la conservación de las especies, muchas en peligro de extinción, que necesitan de lugares estratégicos para el estudio científico o la recolección de fondos para el financiamiento de los proyectos.

“No solo es para la exhibición de animales, son centros
de investigación, que a su vez, por ejemplo, prestan
personal experimentado a parques de vida salvaje en
el mundo para brindar su apoyo, pero que sin el
soporte logístico de un zoológico sería bastante
difícil”
, señaló.

 

Además aclaró que los zoológicos afiliados a EAZA, por ejemplo, deben cumplir con unos estándares muy altos de calidad en la atención de los amínales en cautiverio.

“Tienen que cumplir con muchos requerimientos en
seguridad, salud, bienestar, nutrición, además que
deben servir para el mejoramiento de las especies, no
para que sufran cuando están en cautiverio”
, explicó.

 

No Deben Ser Circos

 

Pero uno de los argumentos que se imponen para que no existan más zoológicos es que los animales no se encuentran en su hábitat, lo que va en contra de su naturaleza.

“Es imposible reproducir el entorno de animales como
el león, el tigre o los lobos, por hablar de los más
conocidos. Ellos necesitan un territorio amplio, con
ríos, con vegetación. Y eso no ocurre en ningún
zoológico del mundo”
, le dijo a BBC Mundo el veterinario
Bernardo Luque Cuello.

 

Luque Cuello recuerda que cuando fue veterinario en un zoológico en Girola, España, le tocó estar a cargo de 60 especies distintas de animales, en cautiverio y cada una con necesidades distintas para atender. Y todas ellas expuestas al público sin ningún fin
científico.

“Una vez me tocó atender la muerte de un león marino
que se había tragado una bolsa de papitas fritas. Es
que en este tipo de lugares la exposición al ser humano
es imposible de controlar y solo están allí para la
diversión del hombre”
, dijo Bernardo Luque Cuello,
veterinario.

 

Pero a pesar de su oposición, Luque Cuello está de acuerdo en que los zoológicos que estudian seriamente los temas de conservación de especies en vía de extinción deberían permanecer por su importancia para el medio ambiente.

“Lo lamentable es que son pocos centros en el mundo
que cumplen con esa característica, la mayoría
deberían cerrarse para evitar más daño la vida de
estos animales que permanecen en cautiverio”
,
concluyó.

 

TOMADO DE:

http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/02/140212_debate_zoo_amv

NOTA DEL EDITOR:

La muerte del león Kivú, después de una vida en aislamiento, en un recinto de 72 m2, debe encender el debate en Costa Rica, sobre la necesidad de los zoológicos, su congruencia con la política ambiental, la ética y la bioética involucrada, su pertinencia con el progreso moral alcanzado. Temas intensos, que el PARTIDO ANIMALISTA pone sobre la mesa.

 

El triunfo de la compasión

 

 

EL TRIUNFO DE LA COMPASIÓN 

 

El mundo está lleno de salvajadas contra humanos y no humanos, pero este hecho
lamentable no justifica la tauromaquia. La tradición tampoco puede utilizarse como
justificación ética de una práctica cruel

Jesús Mosterín

La compasión es la emoción desagradable que sentimos cuando nos ponemos imaginativamente en el lugar de otro que padece, y padecemos con él, lo compadecemos. Hemos empezado a entender el mecanismo de la compasión gracias a Giacomo Rizzolatti, descubridor de las neuronas espejo, que se disparan en nuestro cerebro tanto cuando hacemos o sentimos ciertas cosas como cuando vemos que otro las hace o siente. Las neuronas espejo de la ínsula se disparan y producen en nosotros una sensación penosa cuando vemos a otro sufriendo. Esta capacidad puede ejercitarse y afinarse o, al contrario, embotarse por falta de uso.

 

Los pensadores de la Ilustración, desde Adam Smith hasta Jeremy Bentham, pusieron la compasión en el centro de sus preocupaciones. David Hume pensaba que la compasión es la emoción moral fundamental (junto al amor por uno mismo). Charles Darwin consideraba la compasión la más noble de nuestras virtudes. Opuesto a la esclavitud y horrorizado por la crueldad de los fueguinos de la Patagonia con los extraños, introdujo su idea del círculo en expansión de la compasión para explicar el progreso moral de la humanidad. Los hombres más primitivos sólo se compadecían de sus amigos y parientes; luego este sentimiento se iría extendiendo a otros grupos, naciones, razas y especies.
Darwin pensaba que el círculo de la compasión seguirá extendiéndose hasta que llegue a su lógica conclusión, es decir, hasta que abarque a todas las criaturas capaces de sufrir.

Todas las costumbres abominables, injustas o crueles son tradicionales allí donde se practican.

El pensamiento indio, y en especial el budismo y el jainismo, consideran que la ahimsa (la no-violencia, la no-crueldad, la compasión frente a todas las criaturas sensibles) es el principio central de la ética. En contraste con el silencio de la jerarquía católica, el Dalai Lama ha reclamado públicamente la abolición de las corridas de toros. Al rey Juan Carlos, ya desprestigiado por sus continuas cacerías, no se le ocurre otra cosa que salir ahora en defensa de la tauromaquia. Más le valdría identificarse con su antecesor ilustrado Carlos III, que prohibió las corridas de toros, que con el cutre y absolutista Fernando VII, que las promovió.

El Chile admirado por Vargas Llosa prohibió las corridas hace dos siglos, a la par que la esclavitud

El conocimiento facilita la empatía. Como decía Francis Crick (el descubridor de la doble hélice), los únicos autores que dudan del dolor de los perros son los que no tienen perro. Muchos españoles no dudan del dolor de los perros ni de los toros. Cuando un degenerado cortó con
una sierra eléctrica las patas de los perros de la perrera de Tarragona y los dejó desangrarse hasta la muerte, más de medio millón de españoles estamparon su firma en una petición al Congreso exigiendo la introducción del maltrato animal en el Código Penal. En Cataluña todas las encuestas indican una gran mayoría a favor de la abolición de la tauromaquia, solicitada al Parlamento catalán por más de 200.000 firmas. Yo conozco a varios firmantes de la petición; todos lo hicieron por compasión, ninguno por nacionalismo.

Los defensores de la tauromaquia siempre repiten los mismos argumentos a favor de la crueldad; si se tomaran en serio, justificarían también la tortura de los seres humanos. Ya sé que los toros no son lo mismo que los hombres, pero la corrección lógica de las argumentaciones depende exclusivamente de su forma, no de su contenido. En eso consiste el carácter formal de la lógica. Si aceptamos un argumento como correcto,
tenemos que aceptar como igualmente correcto cualquier otro que tenga la misma forma lógica, aunque ambos traten de cosas muy diferentes. A la inversa, si rechazamos un argumento por incorrecto, también debemos rechazar cualquier otro con la misma forma.
Incluso escritores insignes como Fernando Savater y Mario Vargas Llosa, en sus recientes apologías de la tauromaquia publicadas en este diario, no han logrado formular un solo argumento que se tenga en pie, pues aceptan y rechazan a la vez razonamientos con idéntica forma lógica por el mero hecho de que sus conclusiones se refieran en un caso a toros y en otro a seres humanos.

Ambos autores insisten en el argumento inválido de que también hay otros casos de crueldad con los animales, lo que justificaría la tauromaquia. Savater nos ofrece una larga lista de maltratos a los animales, remontándose nada menos que al sufrimiento infligido
por Aníbal a sus elefantes cuando los hizo atravesar los Alpes. En efecto, debieron de sufrir mucho, pero no más que los soldados, la mayoría de los cuales no lograron sobrevivir a la aventura italiana del caudillo cartaginés. Si esto fuese una justificación del maltrato animal, también lo sería del maltrato humano y de la agresión militar. Vargas Llosa pone el ejemplo de la langosta arrojada viva al agua hirviente para dar más gusto a ciertos gourmets. Esto justificaría las corridas, pues también las langostas sufren. También es cruel la obtención del foie-gras de ganso torturado, pero por eso mismo el foie-gras ya ha sido prohibido en varios Estados de EE UU y en varios países de la UE.
En cualquier caso, sabemos que los toros sienten dolor como nosotros, pues el sistema límbico y las partes del cerebro involucradas
en el dolor son muy parecidos en todos los mamíferos. El neurólogo José Rodríguez Delgado hizo sus famosos experimentos para
localizar los centros del placer y el dolor en el cerebro de toros y hombres y no encontró diferencias apreciables. Desde luego, el
mundo está lleno de salvajadas y crueldades contra los animales humanos y no humanos, pero este hecho lamentable no justifica nada.

Se aduce que la tauromaquia forma parte de la tradición española, como si lo tradicional fuera una justificación ética, lo que obviamente no es. Todas las costumbres abominables, injustas o crueles son tradicionales allí donde se practican. Vargas Llosa siempre ha polemizado contra la corrupción y la dictadura en América Latina, pero ambas son desgraciadamente tradicionales en muchos de esos países. También ha puesto a Chile como ejemplo a seguir por los demás países sudamericanos. Pero Chile prohibió las corridas de toros hace ya dos siglos, el mismo día y por el mismo decreto que abolió la esclavitud.

Antes los caballos salían a la plaza de toros sin protección alguna y durante la suerte de varas casi siempre acababan destripados y con los intestinos por el suelo. Por otro lado, como los toros no querían combatir y huían, les introducían en el cuerpo banderillas de fuego (petardos que estallaban en su interior y desgarraban sus carnes), a ver si así, enloquecidos de dolor, se decidían a embestir. En 1928 al general Primo de Rivera se le ocurrió invitar a una elegante dama parisina, hermana de un ministro francés, a una corrida de toros en Aranjuez. Cuando la dama empezó a ver la sangre brotar a borbotones, los intestinos de los caballos caer a su lado y los petardos estallar dentro de los toros, casi le dio un patatús de tanta repugnancia e indignación como le produjo el espectáculo. El general, avergonzado, ordenó al día siguiente que se cambiase el reglamento taurino, suprimiendo los aspectos que más pudieran escandalizar a los extranjeros, a quienes se suponía una sensibilidad menos embotada que a los aficionados locales.

Los toros pertenecen a la misma especie que las vacas lecheras, aunque no hayan sido tan modificados por selección artificial. Son herbívoros y rumiantes, especialistas en la huida, no en el combate, aunque en la corrida se los obligue a defenderse a cornadas. Los taurinos dicen que la tauromaquia es la única manera de conservar los toros “bravos”.
Pero hay una solución mejor: transformar las dehesas en que se crían (a veces de gran valor ecológico) en reservas naturales. Algunos añaden que, puesto que no se ha maltratado a los toros con anterioridad, hay que torturarlos atrozmente antes de morir.
¿Aceptarían estos taurinos que a ellos se les aplicase el mismo razonamiento?

Los amigos de la libertad nunca hemos pretendido que no se pueda prohibir nada. Aunque pensamos que nadie debe inmiscuirse en las interacciones voluntarias entre adultos, admitimos y propugnamos la prohibición de cualquier tipo de tortura y de crueldad innecesaria. Si aquí y ahora hablamos de la tauromaquia, no es porque sea la única o la peor forma de crueldad, sino porque su abolición ya está sometida a debate legislativo en Cataluña. Si allí se consigue, el debate se trasladará al resto de España y a los otros países implicados. No sabemos cuándo acabará esta discusión, pero sí cómo acabará. A la larga, la crueldad es indefendible. Todos los buenos argumentos y todos los buenos sentimientos apuntan al triunfo de la compasión.

TOMADO DE:

http://elpais.com/diario/2010/05/09/opinion/1273356011_850215.html

 

 

 

La ética

 

LA ÉTICA DE MANTENER ANIMALES EN CAUTIVERIO

 

Mientras que la ciencia se focaliza en “lo que es”, los especialistas en ética se basan en “lo que debería ser”. Pero los estándares de ética varían de acuerdo a las situaciones.

Los seres humanos somos muchas veces ciegos a los requerimientos de los animales. No somos capaces de escuchar como se comunican los elefantes, las ballenas o los murciélagos si no contamos con la tecnología desarrollada en los últimos años. No somos capaces de distinguir los colores con la habilidad que lo hacen las aves o las mariposas.

Aunque nadie quiere ver un oso panda enjaulado, todos quieren salvar al oso panda, ello implica una organización compleja y una inversión costosa.

A pesar de que en el imaginario colectivo alcanzaría con garantizar el bienestar animal de los ejemplares allí alojados, esta labor implica una planificación del manejo animal.

 

Entonces: ¿Cómo garantizar su bienestar y entender sus sentimientos?

 

Antiguamente el indicador de bienestar animal era la longevidad y la reproducción. Sin embargo se ha visto que muchos animales se reproducen y viven en las situaciones más estresantes que se pueda imaginar. Se han desarrollado indicadores para medir el estrés por ejemplo fisiológico, como evalúa el nivel de corticoides en saliva, sangre o materia fecal, aunque no sea posible en todas las especies o en los casos de estrés crónico.

También debe estudiarse en qué ocupa su tiempo el animal de manera de prevenir comportamientos patológicos e implementar técnicas de enriquecimiento ambiental. 

 

En definitiva garantizar su salud física y psicológica. Pero el desafío de los zoológicos radica en que también deben garantizar la salud genética de sus poblaciones. 

 

¿Son los zoológicos carceleros o salvadores?

 

Hay definiciones que plantean que un jardín zoológico es un lugar donde los animales son confinados en jaulas, mostrados al publico y donde pueden ser también reproducidos.

 

Desde algún punto de vista es verdad, más grandes o más chicas los animales están en jaulas. Pueden ser reproducidos, también es verdad, aunque no todos los animales en cautiverio se reproducen. Son mostrados al público, esto tambien es cierto ya que en
mayor o menor grado los animales se exhiben. Pero lo que no explica este tipo de definición es la finalidad es la conservación. ESA ES LA DIFERENCIA. 

 

En un mundo donde miles de animales y plantas corren riesgo real de extinguirse, -más de 4.000 solo en América Latina-. Donde en los últimos catorce años se han extinto más de 400 especies. En el cual casi mil millones de seres humanos pasan hambre todos los
días, según datos de las Naciones Unidas, por lo que un animal en peligro de extinción puede significar ni más ni menos que el alimento de sus hijos, los zoológicos deben ser organizaciones conservacionistas, que defiendan el manejo de la vida silvestre en
cautiverio con decisiones basadas en la ciencia y garantizando el bienestar de sus huéspedes.

Jane Goodall, una de las más destacadas conservacionistas de este siglo y fundadora de The Jane Goodall Foundation, dedicó su vida a la conservación de los chimpancés en la naturaleza.

Ella en variadas ocasiones ha aseverado:

“Supóngase que usted es un chimpancé, y eso es lo que algunas
personas activistas en derechos animales no pueden ponerse
alrededor de su cabeza, no lo que ellos piensan que es lo mejor para
el chimpancé. Quiero que la gente piense sobre lo que el chimpancé
preferiría. Entonces si usted es un chimpancé sus mejores opciones
pueden ser un lugar seguro en la naturaleza o un zoológico
realmente bueno. Ninguna otra opción es realmente válida.”

 

La naturaleza no siempre es segura, hay que pensar que especies amenazadas se encuentran en países arrasados por la guerra. Esta es la realidad de nuestro mundo.

 

Pero también es verdad que un zoológico debe ser “realmente bueno” o no tendría el más mínimo derecho a llamarse zoológico.

“La superación de una utopía sólo se justifica si da lugar al
nacimiento de otra aún más intrépida”

(de La Paz o la Aceptación del otro, Mario Benedetti, 1999).

 

Un zoológico no se construye con jaulas. Se construye con ideas organizadas en un Plan Maestro.

 

Un zoológico es una institución científica, un aula universitaria o de un jardín de infantes, un paseo, una ONG conservacionista, una empresa, un centro de rehabilitación, un restaurante.

 

Pero también es un lugar donde los animales están confinados en jaulas, con mayor o menor “libertad”. Si bien tendríamos que filosofar acerca de cuan libres son los animales en la naturaleza, lo cierto es que en el zoológico los límites los ponemos los seres
humanos y por lo tanto somos responsables de ellos y por ellos, no solo los funcionarios que aquí trabajamos, sino los gobernantes y la sociedad en su conjunto.

Tenemos que garantizar su calidad de vida pero sobre todo tenemos que garantizar la justificación de su cautiverio. 

 

Quizás para algunos nada lo justifique. Nosotros estamos convencidos de que si cumplimos con la visión del nuevo zoológico podremos comprar tiempo para que en el futuro puedan nacer en libertad.

 

Un futuro donde tanto el gobierno como la sociedad actúen responsablemente en el cuidado del medio ambiente y apoyen el camino hacia el Centro de Conservación es lo que necesita y merece el Uruguay.

 

TOMADO DE:

http://zoo.montevideo.gub.uy/el-zoo/para-que-nazcan-en-libertad/la-etica-de-mantener-animales-en-cautiverio

Kivú, el único león (Panthera leo) que habitaba en Costa Rica