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Nueve conmovedores epitafios

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Nueve conmovedores epitafios

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[1]

POR: Stephen Messenger [2], [3]
PUBLICADO: 13 de junio del 2014

Actualmente, la mayoría de los estadounidenses consideran a sus mascotas no solo como compañeros animales, sino como miembros de sus familias, por lo que no es de extrañar que la muerte de un perro, gato u otra criatura querida pueda provocar un dolor y una pena tan fuertes como como con la pérdida de una persona querida. El apego sentimental hacia las mascotas no es un fenómeno moderno o propio de una sociedad sensible. De hecho, la gente ha estado llorando por sus animales fallecidos durante gran parte de la historia, y en ningún lugar es más evidente que en estos fascinantes y desgarradores epitafios escritos para perros de la antigua Grecia y Roma. Estos son nueve conmovedores epitafios antiguos para los perros: 

( 1 )

“Estoy llorando, mientras te llevo a tu último lugar de descanso, recuerdo como me regocijé cuando te llevé a casa en mis propias manos hace quince años.” 

[4] Los antiguos no se avergonzaban de llorar abiertamente por sus perros que se habían ido, como se ve en el triste adiós de su mascota por parte de su compañero.

( 2 )

“Tú, que pasas por este camino, si has notado este monumento, no te rías, te lo ruego, aunque sea la tumba de un perro. Las lágrimas cayeron por mí y el polvo se amontonó sobre mí por la mano de un maestro”

[5] En una época anterior a los cementerios de mascotas, griegos y romanos enterrarían a sus mascotas a lo largo del camino en tumbas marcadas como esta, un gesto triste que no tomaron a la ligera.

( 3 )

“Nuestro perrito, cuando te llevé (a la tumba) mis ojos estaban húmedos de lágrimas… Entonces Patricus nunca más me darás mil besos. Nunca más podrás estar contento en mi regazo. Tristeza… te he enterrado, y tú te lo mereces. En un lugar de descanso de mármol, te he puesto todo el tiempo al lado de mi sombra. En tus cualidades, sagáz eres como un ser humano. ¡Ah, yo! Compañero hemos perdido”

[6] Este texto se encontró en la lápida de Patricus, un perro italiano, escrito por su afligido dueño. Tenga en cuenta que, incluso en esta era, las mascotas estaban siendo comparadas con los humanos.

( 4 )

“A Helena, hija adoptiva, alma sin comparación y merecedora de alabanza”

[7] Los caninos domésticos, particularmente los perros falderos, a menudo se denominaban “promotores”, sugiriendo además que incluso para entonces las mascotas adoptadas eran consideradas miembros de la familia.

( 5 )

“Esta es la tumba del perro Stephanos, quién pereció, y por quién Rhodope derramó lágrimas. Fue enterrado como un humano. Soy el perro Stephanos, y Rhodope creó una tumba para mí.”

[8] Aquí, un perro llamado Stephanos es llorado por su maestro, Rhodope, que quería asegurarse de que todos los que leyeron este epitafio supieran cuánto significaba el animal para él.

( 6 )

“Myio nunca ladró sin razón, pero ahora él está en silencio”

[9] El dueño de este perro ofrece palabras simples pero poderosas para su mascota, dirigiéndose a él como si fuera un igual.

( 7 )

“Aquí la piedra dice que contiene al perro blanco de Melita, el guardián más fiel de Eumelus; pero ahora su voz está encarcelada en los silenciosos caminos de la noche”

[10] Para Eumelus, su mascota fallecida, Melita, era claramente más que un animal, sino una criatura con un alma que se desliza más allá de un reino que solo puede describirse en términos poéticos. 

( 8 )

“Issa es más tierna que el amor del gorrión de Lesbia, más pura que los besos de una paloma, más dulce que cien doncellas enrolladas en una, más rara que la piedra preciosa de la India. Es la mascota de Publio, querida Issa; Voz humana que pareces escuchar.”

[11] Este epitafio es más largo, la perra de Publio, Issa, se describe en términos casi mitológicos, celebrado en una pintura o estatua que se ha perdido.  

( 9 )

“Incluso cuando estés muerto en esta tumba, las bestias salvajes temerán a tus huesos blancos, cazador Lycas; y tu gran valor Pelion lo sabe, y la espléndida Ossa y las solitarias cumbres de Cithaeron”

[12] Los epitafios para perros de caza, como Lycas, a menudo representan a los animales como si fuera un compañero soldado en el campo de batalla, lo que subraya su importancia para la supervivencia de sus dueños.   

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Si te gustan los perros, quizá se deba a tus genes.

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Si te gustan los perros, quizá se deba a tus genes.

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Nicholas Bakalar
[1]
23 de mayo de 2019

 

Unos investigadores suecos usaron una base de datos de 35.035 gemelos idénticos y fraternos nacidos entre 1926 y 1996. Con registros del gobierno y de clubes caninos reunieron información acerca de si tenían perros. Los gemelos idénticos, que comparten el cien por ciento de sus genes, son genéticamente más parecidos que los gemelos fraternos, quienes comparten solo el 50 por ciento. Los gemelos comparten el mismo entorno, así que, si un rasgo es genético, los gemelos idénticos se parecerán más respecto de ese rasgo que los gemelos fraternos. El estudio, publicado en Scientific Reports [2], halló que si una gemela idéntica tenía un perro, había una probabilidad del 40 por ciento de que su gemela también tuviera uno, en comparación con la probabilidad del 25 por ciento de las gemelas fraternas. Cuando un gemelo idéntico tenía un perro, había una probabilidad del 29 por ciento de que su gemelo también tuviera uno, en comparación con tan solo el 18 por ciento para los gemelos fraternos. En otras palabras, el hecho de tener un perro responde en gran medida a un componente genético. Los científicos calculan que la genética es responsable por el 57 por ciento de las mujeres que tienen perros y por el 51 por ciento de los hombres. 

“ A algunas personas les gustan los perros, y a otras no ”, dijo el autor principal,
Tove Fall, profesor de Epidemiología Molecular en la Universidad de Uppsala.
“ Y nuestros hallazgos sugieren que los factores heredados quizá expliquen la
diferencia ”.

 

i

Notas

[1]  Nicholas Bakalar es un periodista especializado en: Medicina, Salud / Bienestar, Animales, Ciencia. Tiene su sede en Nueva York. Trabajó durante casi 20 años como editor de Doubleday, HarperCollins y otras casas. Es autor o coautor de doce libros sobre temas que van desde la salud y la medicina hasta el deporte, el humor y la literatura. Escribe regularmente sobre una variedad de temas científicos para The New York Times y ha publicado artículos en National Geographic News, Discover. 

[2] NOTA DEL EDITOR: El artículo en inglés se encuentra en:
https://www.nature.com/articles/s41598-019-44083-9

 

 

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[1]

Me he encontrado un estudio realizado por un equipo de sociólogos y antropólogos de la Universidad Northeastern y la Universidad de Colorado que me ha llamado la atención. Este estudio quería revelar la especial relación que muchos humanos tenemos con los perros, ahondando así en el vínculo que se crea tan fuerte entre dos especies aparentemente tan diferentes.

Para ello, escogieron a 256 estudiantes y los sometieron a una serie de pruebas en las que éstos debían elegir a quien salvar en varias historias ficticias de trasfondo dramático. En ellas, se pedía a los estudiantes entre un perro y varios humanos a quién salvar, quién les daba más lástima o por quién había sentido más sufrimiento. Para sorpresa, la mayor parte de los estudiantes se inclinaban por el perro. Si además, el perro era cachorro, el porcentaje era mucho más elevado.

 

Algo más arriba he comentado la frase “para sorpresa” , sin embargo, soy de las que si hubiera participado en ese estudio también me hubiera inclinado por el perro.

Lo tengo clarísimo: si cuando veo una película me emociona más el sufrimiento del perro que el de una persona… O cuando el telediario emite ciertas imágenes de algún perro, tengo que cambiar de canal…

Pero, ¿por qué nos pasa esto? Y digo nos pasa a los que tenemos perro, porque sé de buena tinta que los que no tienen perro, no me entienden cuando me emociono por algún perro (o animal). Supongo que la responsable es la empatía. Los que tenemos perros nos es más fácil empatizar con los perros que con ciertas personas.

Seguramente sea porque por mi vida han pasado hasta 8 perros y jamás ninguno me ha decepcionado. Ni me ha engañado. Ni me ha hecho daño ni física ni emocionalmente. No puedo decir lo mismo de las personas.

Los perros nos aman sin condiciones. Nos cuidan. Nos acompañan. Nos hacen la vida más fácil. Y lo más importante: no tienen maldad. Ellos no saben lo que significa “tener malas intenciones” , ni hacer cosas “premeditamente” o “con alevosía” . Quizás por eso, por su inocencia, por su pureza y por su vulnerabilidad nos hacen tan fácil el quererlos intensamente y que se forme un vínculo tan fuerte como para integrarlos como un miembro más de la familia.

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Tener “perrhijos” puede ser señal de trastornos mentales

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Tener “perrhijos” puede ser señal de trastornos mentales

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En la actualidad, muchas personas adquieren la costumbre de adoptar perros y los tratan como si fueran sus verdaderos hijos.

El académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Moisés Heiblum, afirma que este comportamiento puede llegar a ser perjudicial.

De acuerdo con el especialista, comportamientos como gastar más dinero en el perro que en uno mismo, comprarle ropa “humanoide”, publicar fotos en redes sociales del animal en las que se ve que este se está tomando una “selfie”, crearle perfiles en redes sociales, llamarlo “mi bebé” y otras actitudes similares podrían ser signos de que se padece de algún trastorno psicológico.

Para comenzar, según el experto, cuando uno “invierte” tanto en una mascota hace que los humanos empiecen a generar grandes expectativas en el perro en el gato adoptado.

Heiblum aconseja que, antes de llenar a la mascota de regalos o llevarla a un restaurante, uno debe preguntarse:

Además, tratar a los animales como a hijos humanos hace que los animales se vuelvan demasiado dependientes.

Esto puede provocar que cuando el humano no está en el hogar, el animal se sienta ansioso, sufra ataques de pánico, destruya objetos y orine o defeque dentro de la vivienda.

El especialista afirma que perros y gatos no son tan “inocentes” como aparentan, y son conscientes de la relación costo-beneficio de actuar mal ya que saben que cuando incurren en algún comportamiento de ese estilo, pueden llamar la atención y conseguir algún beneficio de los dueños.

Por esa razón el académico hace un llamado a los dueños a no integrar a los animales en rituales y prácticas humanas ya que no necesitan ni entienden eventos como bodas o fiestas de cumpleaños:

Por ejemplo, explicó, si un perro está todo el tiempo con su dueño se crea apego excesivo, y cuando no está, el animal puede sufrir de ansiedad por separación, que se manifiesta con ataques de pánico que lo motivan a destruir objetos, vocalizar, orinar y defecar dentro de la casa.

“Al regresar y ver el desorden, el dueño piensa que el animal lo hizo en venganza por haberlo dejado solo, lo regaña y lo trata como si entendiera las circunstancias, cuando en realidad el perro está expresando ansiedad porque la figura que le aporta seguridad no está disponible”.

Además, prosiguió, los animales aprenden de las consecuencias de sus acciones. Los perros son verdaderos analistas del costo-beneficio de su conducta, así que si les reditúa, tratarán de repetirla.

Por ejemplo, si se suben al sillón es porque el dueño se los ha permitido sin establecer límites o reglas, pero si un día quiere bajarlo por la fuerza, el perro gruñe y muestra los dientes, amedrentando a la persona; entonces, el animal aprendió que de esa manera puede quedarse en ese espacio.

Para que tengan un estado de bienestar, es necesario cubrir ciertas necesidades básicas: no tener hambre ni sed; contar con un lugar para resguardarse del ambiente; estar libres de dolor, enfermedades y miedo; tener la libertad de expresar su comportamiento normal y realizar actividades apropiadas a su especie.

Finalmente, Moisés Heiblum indicó que se les debe enseñar a ganarse las cosas buenas de la vida. “Sin ningún tipo de violencia o sometimiento, se les debe instruir con tres o cuatro comandos a través de refuerzo positivo, para que cada vez que quieran algo ‘paguen’ para conseguirlo”.

¿Porqué se ponen contentos?

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¿Porqué se ponen contentos?

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No hay nada mejor en el mundo que el momento en el que llegamos a casa y nos encontramos a nuestro querido perro esperándonos.
Está tan emocionado de volver a vernos cada vez que desaparecemos durante unas horas, eso es algo que nos llena el corazón de amor. Independientemente del tamaño del perro, se tumban al suelo y comienzan a lamer nuestras caras por todas partes, sin parar de menear la cola como diciendo: ¿Dónde has estado?, te he echado tanto de menos …

Seguro que muchas veces te has hecho la pregunta de cómo es que sucede esto cada vez que sales o vuelves a casa. ¿Por qué mi perrito se emociona tanto al verme llegar? La ciencia podría tener la respuesta a todas estas preguntas, hay dos factores: como los perros han ido evolucionando a lo largo de los años desde lobos y la curiosidad. Mucho antes de que los perros fueran nuestros amigos y compartieran hogar con nosotros, eran lobos que vagaban libremente. El neurocientífico Gregory Berns [1] explicó que lamer las caras es un saludo social (igual que los seres humanos se dan las mano) y lamiendo la cara, los lobos también pueden saber si otros lobos han traído la cena a casa esa noche. Berns ha hecho un montón de investigaciones para averiguar cómo los perros nos ven a los humanos. ¿Nos ven como si fuéramos miembros de su manada de lobos o como una especie completamente diferente? Berns descubrió, a través de pruebas de olor, que los perros podían identificar el olor familiar de los seres humanos, y cómo eso provocó ciertas respuestas. 

“Ningún otro aroma hizo eso, ni siquiera el de un perro de la familia”. “Esto es la prueba de que ellos no nos ven como perros, ellos saben que somos algo diferentes, hay una parte en sus cerebros para nosotros.

Investigando hemos descubierto que los perros aman a sus seres humanos, y no sólo por la comida. Les encanta la compañía de los seres humanos simplemente por su bienestar” , explicó Berns. Berns también menciona que, mientras los humanos pueden pensar en conceptos abstractos, los perros no pueden hacerlo. Así que cuando un perro nos ve, puede estar feliz o triste, no hay nada intermedio.

Y si hemos estado fuera de casa todo el día, el perro probablemente ha estado aburrido sin nada que hacer, ni compañía. En el momento en el que siente que abrimos la puerta, está contento de vernos pero también quiere saber dónde hemos estado. Es por eso que nos da un montón de besos y nos lame la cara, porque el perro necesita saber si hemos estado con otros perros, y también si hemos traído comida a casa para ellos.

Todavía quedan un montón de investigaciones por hacer, pero una cosa es cierta: El volver a casa y encontrar un perro emocionado es lo mejor. Abrir la puerta significa que vas a salkudarlo y a jugar un poco.

i

Notas

TOMADO DE: <https://www.schnauzi.com/neurocientifico-gregory-berns-revela-por-que-perros-se-ponen-contentos-cuando-llegas-casa/>

[1] El Dr. Gregory Berns, neurocientífico en la Universidad de Emory en Atlanta, ha escaneando el cerebro de perros, tratando de descubrir lo que están pensando.